FICCIÓN O REALIDAD. DON QUIJOTE DE LA MANCHA EN NUESTRO MUNDO DE HOY

Cuando leemos la obra magna de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, penetramos en un inmenso mundo donde la ficción se transforma en realidad o la misma ficción se introduce en la irrealidad de la historia. A lo largo de los muchos capítulos que narran las aventuras del Caballero de la Triste Figura, al lado de su inseparable escudero Sancho Panza, podemos acompañarles en las descabelladas imaginaciones de Don Quijote con sus lamentables consecuencias. Lo curioso es que cuando hacemos esa inmersión en las secuencias y acontecimientos que van dando forma a esta narración, nos sentimos dentro de las escenas que se humanizan poderosamente en nuestra mente de lector. Hasta tal punto es así que cuando leemos las reflexiones que salen de ese personaje tan alocado como impetuoso de Don Quijote, nos gusta solidarizarnos con él. Y ello, a pesar de no saber si es real o ficción lo que dice. Si son palabras de un loco o de un hombre cuerdo y veraz, porque resulta contagioso y desconcertante su proceder desde su locura. En un momento de la historia, un castellano llega a decir, aconsejando a Don Quijote: “Tú eres loco, y si lo fueras a solas y dentro de las puertas de tu locura, fuera menos mal, pero tienes propiedad de volver locos y mentecatos a cuantos te tratan y comunican…”

La primera parte de esta novela contempla las desavenencias de un caballero andante con lo que él mismo considera injusticias y entuertos que tiene que remediar, frente a quienes tienen la mala fortuna de cruzarse con él, siendo confundidos y, a veces, maltratados a punta de su lanza en ristre sobre la montura de Rocinante. Son sus aventuras que comparte con su fiel escudero Sancho Panza. “Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino”. Sin embargo, el espíritu que mueve a este caballero andante no está exento de un sentimiento profundo de libertad a la hora de tomar decisiones.

Si trato de trasladar la mente y el proceder de Don Quijote a nuestro mundo actual, ¿no encontramos muchas semejanzas con el comportamiento que nos muestra la sociedad hoy en medio de tanta locura sin sentido? ¿No circulan demasiados Quijotes sueltos a nuestro alrededor? Si consideramos la doble personalidad de nuestro Hidalgo, como un personaje afectado por la locura de las historias de caballerías, desestructurando la sesera de un hombre obsesionado con la lectura, en la misma historia encontramos la afirmación que dice: “Y así del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro”, aunque ello le lleve a cometer dolorosos errores; o como un filósofo humanista que reivindica justicia, libertad y respeto hacia los más desfavorecidos de la sociedad que le tocó vivir en la España del siglo XVIII, y que puede ser extrapolable al siglo XXI. Pero Don Quijote está convencido que “por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.

Los conceptos de libertad y de justicia, son valores humanos que hemos procuramos defender a lo largo de la historia de la humanidad, más aún desde la Ilustración que lo considera como pilares básicos para la convivencia y las relaciones humanas, a pesar de los riesgos que comportaba ponerlos en práctica. Hoy en el siglo XXI, en medio de tanta confusión social, política y económica, la libertad y la justicia son monedas de cambio camufladas en medio de lo que se viene en llamar estado del bienestar. A veces, es una mera ilusión y tratamos de verla como una utopía, algo parecido a lo que brotara de la mente de Don Quijote, aunque él, desde su locura, no reparaba en los riesgos y en sus consecuencias: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.”

  Ayer y hoy, en nuestra historia, han ido apareciendo muchos Quijotes, aunque con mentes más cuerdas y conscientes, pues se trataba de personas y hechos reales; pero con los mismos ideales de justicia e igualdad de Don Quijote entre los mortales. Muchos personajes, a lo largo de nuestra historia, han sufrido persecuciones, encarcelamientos y tortura, cuando no la muerte, a causa de la defensa de esos mismos ideales que Don Quijote expresa a lo largo de la historia narrada, ya sea ficción o realidad; en sus conversaciones con Sancho Panza o en las secuencias de la segunda parte de la obra, ante la nobleza que lo agasaja para divertirse desde la mofa y el escarnio, nuestro ilustre Hidalgo de la Mancha deja constancia de esa filosofía de vida que define sus andaduras por esas “patrias” que definen la geografía española de la época: “Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!”.

Tampoco queda exento nuestro Don Quijote de ese sentimiento de humanidad que caracteriza su respuesta ante la deshumanización, que él percibe en su loca mente, de las experiencias a las que se enfrenta y por ello sale apaleado y malherido, manifestando que a pesar de todo, hay esperanza en el mundo: “Aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno.” Y en otro momento afirma que “siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas, para dar remedio a ellas.” Y otro pensamiento lleno de generosidad y lucidez humana: “No desees y serás el hombre más rico del mundo.”

Desde ese mundo de ficción que se crea en los momentos que la mente de Alonso Quijano se transforma en Don Quijote, aparecen esos rasgos de lucidez en el verbo de un loco que parece cuerdo, o de un cuerdo que se muestra loco. Son expresiones que también hoy se suelen utilizar para criticar a aquellos hombres y mujeres que no tienen miedo de decir, con total libertad, las verdades que otros muchos no quieren oír y, por ello, son criticados y censurados, interpretándolos como manifestaciones de gente alocada y no cuerda, de gente que no quiere ver la realidad de nuestro mundo; obviamente, un mundo marcado por los intereses de una minoría manipuladora de esa realidad. En las muchas páginas que ilustran esta obra encontramos infinidad de pensamientos llenos de una sabiduría humana que brotan de un corazón limpio aunque esté afectado por la locura. Por esta misma razón, la obra de Cervantes es universal en el tiempo, mostrando un mensaje de actualidad para nuestro mundo de hoy en el siglo XXI. ¿Ficción o realidad?

                                                         José Olivero Palomeque