Cuando leemos la obra magna de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, penetramos en un inmenso mundo donde la ficción se transforma en realidad o la misma ficción se introduce en la irrealidad de la historia.
A todo ese torrente de podredumbre, se une el avance de ideologías negativistas, xenófobas o dictatoriales, marcadas por los fundamentalismos políticos, religiosos y económicos, que hunden a esta humanidad en un pozo cada vez más negro.