EL POEMA DE JULIA UCEDA ANTÍGONA: ANÁLISIS COMPARATIVO DESDE LA PERSPECTIVA DE MARÍA ZAMBRANO Y JOSE ANGEL VALENTE

Fotos de Josefina Martos Peregrín

I. SIGNIFICACIÓN DEL POEMA ANTÍGONA EN LA TRAYECTORlA DE JULIA UCEDA.

El 15 de marzo de 2004 se homenajeó a Julia Uceda (Sevilla, 22/10/1925 – Ferrol 21/07/2024) en el Centro Cultural Torrente Ballester de Ferrol (A Coruña) con la interpretación musical de su poema Antígona, obra del compositor Juan Durán, para celebrar la concesión del Premio Nacional de Poesía en 2003 por En el viento, hacia el mar (Vandalia), convirtiéndose en la primera mujer en obtenerlo. No sería la única puesta en escena, dado que su trayectoria estuvo plagada de galardones que reflejaron su brillante carrera, como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2021.

Sin duda la elección no es casual, dado que, Uceda, en el poema, utiliza la máscara de Antígona para expresar un remolino interior que desemboca en un grito, un grito de libertad e independencia. Así era Julia Uceda:

ANTÍGONA

Yo sé

que un día

voy a salir por estas calles,

como un trozo de llama,

quemando el aire con mi grito;

incendiando los lechos

y las fuentes.

No me compréis con lágrimas.

No tendáis vuestra mano

hacia este falso mármol

de las mías.

No me digáis,

no me digáis

ya más…

Lo sé ya todo.

Cerrad las puertas,

liberad a los perros

y a los pájaros, regad

las flores: será

la última vez…

Y no dejéis

que los grifos abiertos

inunden las estancias:

que el pétalo amarillo

de las horas encienda

de frío sol los ámbitos vacíos.

Después, dejadme

dormir.

El poema fue publicado en 1965 formando parte del libro Sin mucha esperanza (Ágora), que cierra la primera etapa de su producción que la vincula a la joven poesía sevillana de la mitad del siglo XX, que se inició con Mariposa en cenizas (1959), al que le sigue Extraña juventud, con el que consigue alzarse con un accésit del Premio Adonáis, (1962), cercano a la estética social imperante. Sin mucha esperanza marca un nuevo rumbo estético con la incorporación del pensamiento y los mitos grecolatinos y, sin duda, anuncia un cambio. Como afirma la profesora Marta Cabrera Iniesta, …Desde la particularidad de “Sin mucha esperanza”, así mismo, Uceda se sirve de la resignificación de mitos clásicos para describir la realidad que debiera ser. El poema Antígona, por ejemplo, contradice, de acuerdo con Candela Gala, la irracionalidad generalmente asociada al personaje…/…llevada desde un hartazgo explícito y desde una necesidad de aislamiento de la realidad que la protagonista ve hostil y dañina para sí misma[i]

Efectivamente, en 1966, la autora emigra a Estados Unidos tras recibir una oferta de la Michigan State University. Julia Uceda se enfrentaba en España a las dificultades inherentes a su sexo para consolidar un merecido status y una estabilidad como profesora universitaria, eso, unido al alejamiento, cada vez mayor, de los preceptos de la poesía social, motivaron su autoexilio. De este modo se inauguró en estos años una fase lírica determinante para la evolución de su poesía con el poemario Poemas de Cherry Lane (1968) escrito ya fuera de nuestro país donde ofrece por primera vez una poesía influenciada por la psicología analítica, planteamiento que se repetirá en volúmenes posteriores. Por la trascendencia que este poemario adquiere dentro de la trayectoria de la autora, es posible definirlo como la segunda etapa de su obra.

Como reseñan Juana Castro (2004), Navarrete (2016) o Mulet (2004), su exilio no fue impuesto estatalmente, sino que respondió a un agotamiento del conservadurismo español y a una voluntad de ampliación profesional: de 1960 a 1966 había estado trabajando para la Universidad de Sevilla; sin embargo, al ser advertida de la imposibilidad de acceder a un puesto superior al de profesor no numerario (PNN) por su condición de mujer y la inmovilidad de cargos en las universidades franquistas, Uceda se traslada a la Universidad de Estados Unidos (Navarrete, 2013).[ii]

II. LA TUMBA DE ANTÍGONA O LA REBELIÓN SOFOCLIANA DE MARÍA ZAMBRANO.

La elección del mito de Antígona para expresar su situación no es, sin duda, fruto del azar. El mito grecolatino original, consolidado por la tragedia de Sófocles, describe como la joven Antígona, hija de Edipo, desafía la ley para dar sepultura a su hermano Polinices, considerado un traidor por el nuevo rey Creonte. Este acto de desobediencia la lleva a ser condenada a muerte, enfrentando un conflicto entre las leyes divinas y las leyes humanas. Las escenas se sitúan en el contexto de la guerra civil en Tebas, donde los hermanos Eteocles y Polinices mueren en combate, pero el primero sería enterrado con todos los honores mientras que Polinices queda insepulto al ser considerado un traidor, a causa del dictamen de Creonte, símbolo de la tiranía. El rey, firme en su decisión, condena a Antígona a ser enterrada viva en una cueva. Antígona daría fin a su vida y su prometido, Hemón, hijo a su vez, de Creonte, también se quita la vida al verla muerta. La esposa del rey, Eurídice, se suicida al conocer la muerte de su hijo, por lo que Creonte será víctima de su dictamen que enfrenta la ley humana y la divina. 

El mito de Antígona ha sido elegido por numerosos autores para su análisis o como fuente de inspiración, pero no cabe duda de la destacada significación que tuvo en la producción de María Zambrano y de su influencia en Uceda probablemente y, también, por la lectura que del mito hiciera el poeta Ángel Valente, influenciado también por la filósofa veleña.

Para la profesora Marifé Santiago Bolaños, en la introducción a la edición en 2019 que lanzó Alianza Editorial (Madrid), la figura de Antígona fue fundamental en la vida y en el pensamiento de María Zambrano en un proceso que califica de identificación[iii]. Efectivamente, entre 1947 y 1967, la autora escribió cerca de cuarenta textos, ensayísticos y literarios, impresos e inéditos, sobre la heroína griega, los cuales, de una manera u otra, confluyeron en La tumba de Antígona, la única obra teatral escrita por la filósofa. En la revista cubana Orígenes y bajo el título Delirio de Antígona, se publicó en 1948 un ensayo que evidencia la reiterada pasión de Zambrano por este personaje mitológico que convirtió en la alegoría del exilio .En 1967, se publica, toda esa prolífica investigación que, en París, ve la luz transformada en La tumba de Antígona. Zambrano elige el género teatral, probablemente en alusión a la obra sofocliana. Antígona representa para Zambrano el símbolo del sacrificio encarnado en ella misma, en su propia madre y en su hermana Araceli, víctimas inocentes, las tres, del fenómeno demoledor del exilio. La identificación de Zambrano con Antígona, es evidente, al igual que lo hará Julia Uceda, por su destino sacrificial, ya que aúna su experiencia personal e íntima y presenta una completa descripción espiritual del exiliado, de modo que en esta obra se une a una temática recurrente en María: la fenomenología del exilio, tema central de otros muchos textos, como, por ejemplo, Los bienaventurados, Carta sobre el exilio y Las palabras del regreso. La tumba de Antígona es considerado por la crítica especializada un texto que rescata para la posteridad la memoria del sacrificio sufrido por las víctimas de la guerra en aras de los ideales democráticos republicanos.

Pero, sin duda, La tumba de Antígona interpreta y recrea la Antígona sofoclea, como en otras obras a lo largo de casi veinticinco siglos, pero su lectura de la tragedia clásica contradice abiertamente a su autor en el punto más original del drama de Sófocles –el suicidio de Antígona– y, al hacerlo, se rebela contra la autoridad del principal creador/transmisor del mito de Antígona y contra la validez del discurso de uno de los cientos de textos clásicos más exitosos e influyentes de la tradición occidental desde su estreno en 442 aC, un texto que ha conformado definitivamente el discurso sobre el mito.[iv] Sin embargo, lo más valioso de la obra de la filósofa veleña es que trasciende su terrible identificación y concibe la obra como un tratado filosófico de urgente compromiso por la paz y la justicia.

III. LA RESPUESTA A ANTÍGONADE JOSÉ ÁNGEL VALENTE Y SU NECESARIO POSICIONAMIENTO ANTE LA PALABRA POÉTICA.

Y, como no podía ser de otra manera, Ángel Valente, publicaría en 1969su Respuesta a Antígona[v]. La relación de María Zambrano con José Ángel Valente se inicia en 1964. Hasta entonces para Valente, que había leído El hombre y lo divino (1955) en su exilio de Oxford, María Zambrano era un personaje solo intuido, pero en julio de 1964, visita a Zambrano en su casa del Jura francés y le lleva su traducción de Constantino Cavafis publicada en ese mismo año. De esa visita nos dice: [vi]

Llegué a las siete de la tarde y me marché a las siete de la mañana del día siguiente. La conversación duró toda la noche. No recuerdo haber hablado nunca tanto tiempo seguido. Yo no había leído entonces de María más que cosas sueltas. Recuerdo aquella Carta del exilio que apareció en los Cuadernos por la libertad de la Cultura en París y quizás algún otro artículo. Fue ella quien a partir de ese momento me fue dejando sus libros. Los primeros que leí fueron: España, sueño y verdad, El sueño creador y Claros del bosque y estos últimos son quizá los que más me han interesado, justamente por ese orden. Y prueba de ello es que he escrito sobre ambos (Amorós 1983b: 65).

La respuesta de Antígona de JAV puede considerarse una defensa de la palabra frente a la censura y utilización institucionalizada. Valente se centra en que la palabra debe ser libre y estar conectada con la experiencia humana, frente a una palabra manipulada o vacía de significado. Pero Valente va más allá y, bebiendo de las fuentes de Hegel, para el que el sacrificio de Antígona la sitúa por encima del de Sócrates e, incluso, del propio Cristo, y de Hölderlin, para el que representa el mayor ejemplo de piedad, Antígona existe para forzar una nueva manifestación de lo divino que, en última instancia, es decir, en la culminación del sacrificio trágico, consiste en la sanción de una nueva órbita humana de libertad.  Y ahonda en el concepto de extrema piedad hölderliniana.[vii]También María Zambrano en La tumba de Antígona, reflexionaba sobre la figura de Antígona y su relación con la piedad.[1] Puede decirse que Antígona es utilizada como un símbolo de piedad, sacrificio y desafío a las leyes humanas en favor de valores universales y divinos.

IV. CONCLUSIONES.

En definitiva, Julia Uceda, al igual que María Zambrano, traduce en el poema Antígona la identificación con este mito universal que representa la rebelión y la libertad frente a la tiranía, en el contexto hostil en el que se encontraba, identificando el exilio con la relectura que Zambrano hace en la obra teatral La tumba de Antígona. La aportación de Uceda consiste en su persistente no resignación, propia del carácter de la autora sevillana. 


 


[i]Cabrera Iniesta, M. De la alteridad, el mito y el vacío: la imaginería de Julia Uceda como principio de búsqueda ontológica. Revista de Literatura 86 (171). Enero-junio 2024, eISSN-L: 0034-849X, 1988-4192https://doi.org/10.3989/revliteratura.2024.01.013

[ii]Cabrera Iniesta, M. Idem ant.

[iii]Zambrano, M. La tumba de Antígona. Alianza Editorial, Madrid, 2019

[iv]Picklesimer, María Luisa. ANTIGONA: de Sófocles a María Zambrano Universidad de Granada, 2004.

[v]Valente, J.A. La respuesta de Antígona. Número 155 de la revista Papeles de Son Armadans. Pág. 123-134. ISSN 0031-1065. 

[vi]https://www.ledijournals.com/ojs/index.php/cuadernos/article/view/1083

[vii]Pérez-Ugena, J. Muerte, piedad y memoria: Il Tuffatore de Paestum en las obras de eugenio Montale y de José Ángel Valente. Universidad de Roma “La Sapienza”. 1993

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