En la Selección Epistolar publicada en el volumen 2, Prosas completas, de Vicente Aleixandre, en la colección Visor de Poesía, en una Edición de Alejandro Duque Amusco, se integran algunas cartas inéditas y otras publicadas de nuestro poeta de la Generación del 27. La amplísima correspondencia mantenida con otros grandes poetas y escritores de su misma generación: Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Emilio Prado, Luis Cernuda y otros muchos autores, completan una larga lista de amigos que formaron parte de la vida íntima, personal y literaria de Vicente Aleixandre.
De entre todos los destinatarios de su rica, humana y lírica correspondencia, quiero detenerme a reflexionar un poco sobre uno en particular, Jorge Guillén, con quien mantuvo mucha cercanía a tenor de los contenidos de las cartas que Aleixandre escribía con la sinceridad de una profunda amistad. En esta Selección Epistolar encontramos un total de 12 cartas que dirige a su gran amigo Jorge Guillén. En cada una de ellas siempre aparecen los rasgos de humanidad que les unía y, cómo no, un intercambio de pareceres, críticas y valoraciones de algunas de sus obras poéticas.
Ya en su primera carta fechada el 10 de enero de 1929, desde su casa en la calle Velintonia número 3 de Madrid, Vicente Aleixandre utiliza un lenguaje muy poético y musical para comentar, emocionado, la sensibilidad que le transmite la lectura de los poemas de Cántico, una de las obras maestras de Jorge Guillén. Su crítico, en estos momentos, no puede reprimir sus expresiones llenas de ese lirismo tan personal y profundo, expresando: “El libro empieza en un tono de cántico que se inicia, que se contiene. Notas medias que condensan en sí todas las posibilidades, toda la escala invisible, que después se abrirá con integridad…” El ritmo que destaca en sus notas líricas es como esas ondas de mar que ascienden y descienden, con la frescura de poemas llenos de intensidad y de vida: “El cántico vibra con todas sus notas variables… siempre perfecto en su belleza hasta abrirse totalmente… en sus últimas notas, totalizador, vibrante, suma de pasión y de éxtasis…”
En su siguiente carta, datada siete años más tarde, el 30 de abril de 1936 desde Velintonia, Aleixandre vuelve a comentar la lectura de un nuevo Cántico que Jorge Guillén le regala en una fantástica edición en piel. Y no duda en expresarle abiertamente que “su obra de usted es sin duda la que más pronto ha cobrado en algún sentido magnífico esa actualidad clásica duradera que la asegura para siempre”. Cántico es, con su acertado criterio, una obra poética que perdurará viva en el tiempo. Tanto es así que llega a afirmar en su carta que “En la inestabilidad de la vida presente yo veo su Cántico como un cuerpo celeste… seguro en su órbita…ajeno a las mudanzas de los hombres.”
Aleixandre quiere destacar ampliamente la riqueza que, en el tiempo, Jorge Guillén va incorporando a Cántico, significando que “su enriquecimiento no era una adicción sino como un misterio biológico que en cada avatar le hacía parecer perfecto e insuperable.” Nuestro gran poeta le dice a su amigo que su obra le trae “el recuerdo de Las Flores del Mal de Baudelaire que en sucesivas ediciones fue añadiendo su autor nuevos poemas, haciéndolo cada vez más hermoso.” Así compara su Cántico en su segunda edición, ahora en sus manos. Y por esa razón le escribe con total convicción que “su libro es más que un libro, es un libro de libros: un ciclo de poesía siempre en marcha.”
Así, los poemas de antes y los de ahora se sienten como una única unidad con plena actualidad. Aleixandre vuelve a destacar la riqueza musical, llena de una Naturaleza vibrante, de los poemas, señalando como ejemplo “la espléndida “Arena”, de su “Nivel del mar”, cuyo silencio fragoroso es augusto…” La amplitud sinfónica del libro parece señoreada por sus dos grandes poemas “Más allá” y “Salvación de la primavera”. No obstante, le resulta imposible señalar sus preferencias.
El poeta de la vida, en esta carta, llega a expresar la eternidad de la obra de Jorge Guillén, con una explosión de alegría, gritándole “¡Viva Cántico! ¿Viva la Poesía!, que es como decir ¡viva el mundo!, aunque muramos nosotros.” La tercera carta, de fecha 25 de octubre de 1942, Aleixandre comparte el dolor del fallecimiento de la esposa de Jorge Guillén, Germaine Cahen, y no pudiendo contener sus sentimientos le manifiesta: “Querido Jorge: a tanta distancia de años y vida quiero que usted sepa cuánto le recuerdo y cuánto de corazón le acompaño en la realidad de su dolor.”
Posiblemente, debido a las condiciones políticas de la época que les tocó vivir a cada uno, así como los desplazamientos prolongados fuera de España, la correspondencia se dilataba mucho en el tiempo. La siguiente correspondencia se retrasa hasta el 14 de enero de 1967. Entre algunos comentarios literarios de creaciones suyas, esta carta contiene una respuesta de Vicente a Jorge haciendo referencia a la “escritura automática”. En ella, nuestro poeta afirma que “en una “Confidencia literaria” mía (que luego se publicó como prólogo a la segunda edición de La destrucción o el amor) decía yo: No he creído nunca en lo estrictamente onírico, ni en la “escritura automática”, ni en la consiguiente abolición de la conciencia creadora.”
Las sucesivas cartas son temporalmente algo más cercanas, la siguiente tiene fecha de 28 de abril de 1967. En ella, se percibe la nostalgia de Vicente Aleixandre hacia su Málaga, una tierra tan querida por él, mostrando su envidia al autor de Cántico, que sí reside en esta ciudad mediterránea. Le llega a decir: “Te envidio con ese mirador que tienes sobre mi mar de Málaga… Confío en que algún día yo también tenga mi balcón…”
Aleixandre valora la calidad de un texto de Jorge Guillén titulado “Estímulo” y publicado en la Nouvelle Revue Française, reconoce y expresa que “el texto era de una precisión penetrante, reveladora, y me siento completamente de acuerdo con todas tus observaciones.” Como buenos creadores y críticos literarios, se intercambian opiniones de su participación en diversas publicaciones tanto suyas como de otros autores, Cernuda entre ellos. Es una actividad frecuente entre estos dos grandes poetas del 27.
En esta nueva carta de 1 de diciembre de 1967, Aleixandre comenta la recepción de un nuevo libro de Jorge Guillén, Homenaje, precisamente en un momento en el que Vicente se encuentra muy afectado por su enfermedad de insuficiencia coronaria y de artrosis en las vértebras. Los dolores le hacen sufrir mucho, lo que le impide salir de su casa con la frecuencia deseada.
Con su lucidez habitual, a pesar de sus dolencias, Aleixandre reconoce que este nuevo libro de Jorge Guillén, Homenaje, contiene tanta belleza como Cántico, destacando que esta nueva creación es un homenaje a la vida, porque no solamente recoge reconocimientos a escritores, artistas, culturas…, sino “todo eso y más, mucho más. Poemas de amor, poemas de recuerdos, comentario a la vivacidad”. Nuestro agudo crítico insiste que “homenaje a la vida es el destino de su poesía. Y enlaza y deviene desde el homenaje que era Cántico hasta el pormenorizado, minucioso, insaciable Homenaje de este cántico diferente y contable.”
Finaliza esta carta dando a conocer su compromiso de publicar un libro que entiende terminado: Poemas de la consumación. Igualmente informa a su entrañable amigo que ha empezado otro también en verso: Diálogos del conocimiento. Y ello, a pesar de que reconoce que por ahora no trabaja lo que quisiera porque no se encuentra bien.
Le sigue otra carta de 10 de febrero de 1969. En esta ocasión se reafirma la sincera y profunda amistad que los une a ellos dos y a todos los de su generación tan reconocida, haciendo mención, incluso, a los que ya no viven, pero los hace presentes. De ahí también los gestos de gratitud y afecto mostrados en la cesión de escritos para incluir en sus publicaciones. Tal es el caso de un poema de Jorge Guillén que abre la edición del libro de Vicente Aleixandre titulado Ínsula. Una práctica frecuente entre estos grandes poetas y escritores.
Y cómo no, sus deseos de vivir en Málaga le llevan a expresar nuevamente: “Te envidio en tu Paseo Marítimo, balcón al mar. ¡Jorge Guillén, tan malagueño! En otro tiempo fue Sevilla, hoy es Málaga… y siempre el planeta.” La siguiente carta ya se distancia un poco más en el tiempo, fechada el 10 de Julio de 1974. En su contenido, se destila afecto y admiración hacia su querido amigo Jorge, siempre hablando de libros y poemas que llenan sus vidas.
En este momento que le escribe, destaca como “hallazgo” el poemario que recibe titulado Y otros poemas. Aleixandre le responde que es “un título humilde que engaña, pues el lector descubre enseguida que le han dado, no gato por liebre sino liebre por gato”. Nuestro poeta agradece, de corazón, unos poemas que Jorge escribe en este libro y dedica a sus amigos; inevitablemente, destaca el poema titulado Unos amigos, “donde estamos todos, y con sus nombres” y en su caso, agradece verse incluido y “puesto allí con cariño.”
En ese intercambio de regalos literarios, Aleixandre le comunica a su amigo del alma que ya ha publicado su libro Diálogos del conocimiento, editado en Barcelona y “que ya ha dado orden de que se lo manden de su parte.” Y, cómo no, siempre dando muestra de su preocupación por el estado de salud de su amigo Jorge.
Una breve carta escrita el 10 de octubre de 1977, Aleixandre quiere transmitir a su lírico compañero de generación los sentimientos de esa amistad que los une desde hace 50 años y les llena de afecto y gratitud hacia toda la familia Guillén. El estado de salud de Vicente no es muy bueno y transmite que “yo estoy contento de espíritu y cansado de cuerpo, pues son días muy agitados y mi salud (mala salud de hierro, como decís los amigos) no sé cómo resiste…”
Las tres últimas cartas también son breves. La primera de ellas, muy cercana a la anterior, tiene fecha de 4 de noviembre de 1977. Aleixandre muestra su alegría por la concesión que recibe Jorge Guillén del Premio Alfonso Reyes, de Méjico, subrayando el gran contenido acumulado en su obra. Igualmente, le comunica que José Luis Cano le ha informado que le ha visto y encontrado bien; también le ha contado “el homenaje a Picasso en nuestra querida Málaga, y que esta vez ha sido digno de ella y de él.” El estado de salud de Vicente se sigue resintiendo y, a pesar de su cansancio, se sigue sosteniendo y reglamentando su trabajo.
La carta número 11, se data el 21 de enero de 1978. Nuestro universal poeta felicita a Jorge Guillén por su elección como Académico de honor, señalándole que él ha sido uno de los cinco que le propusieron para ese reconocimiento; no obstante, la unanimidad de la Academia para concederlo evidenciaba el resultado. Aleixandre quiere destacar que “ha sido una de las determinaciones de la Academia más afortunadas y para su historia más dichosa.” En esta carta, además de la alegría por los gratos acontecimientos, quedaba de manifiesto que la salud de ambos amigos no era muy buena.
El comienzo de la última comunicación de fecha 30 de abril de 1982 ya es preocupante, pues el estado de su salud provocaba el retraso de su correspondencia. Vicente llega a decirle a Jorge: “Mi salud es una atadura dolorosa. ¡Con decirte que no salgo de casa ni escribo un verso!”. Aleixandre agradece de corazón el regalo que recibe de su amigo Jorge, la obra titulada Final. Hace una valoración de disfrute de esta obra, expresándole con entusiasmo: “he ido disfrutando de esto que yo llamaría el gran Comentario a todas (de hecho, todas) las posibilidades, de la vida y del mundo”.
Vicente reconoce que su contenido es nuevo, “con esa novedad del hallazgo en la realidad de la multiplicación otorgada y que en este caso el poeta eleva a total descubrimiento.” Termina su carta agradeciéndole, de manera especial, “el poema que has hecho para mí y cuya concepción y desarrollo lo hacen rico en belleza, y claro está, en generosidad”. Aquí cierro el circuito de correspondencia que Vicente Aleixandre establece con su entrañable amigo Jorge Guillén. Considero un verdadero testimonio del profundo significado de amistad que unía a estos dos grandes creadores de la palabra y la poesía.



















