

lo del día es un remanso.
Invierno pertinaz
donde se tiene un talismán, un dios
al cual rezar, un panteón
donde acudir.

Las veredas parecen extrañas en la noche
cada vez que un bache me hace abrir los ojos
que de nuevo el cansancio unta con sueño.

Leïla Slimani cruza la peste negra
como cruzar un par de dedos
o el cuaderno con arena encima.

Ave ámbar
adherida
al arcángel adjetivado,
águila astuta
alcanzas allá,
al ábside
adormecido.