El pasado 14 de Diciembre se cumplieron 40 años de la muerte de Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898; Madrid, 1984), Premio Nobel de Literatura (1977) y sin duda uno de los más grandes poetas de una generación irrepetible. Quizá sólo Lorca y Cernuda poseen como poetas una altura comparable. Uno de los mayores regalos de esta efemérides esperamos que sea por fin la adquisición por el Ministerio de Cultura y/o la Comunidad de Madrid de Velintonia, que será declarado Bien de Interés Cultural, y antes del centenario de la Generación del 27 y el medio siglo del máximo reconocimiento literario, se convertirá en una institución similar a la casa de Cervantes en Alcalá de Henares o la de Lope de Vega en el Barrio de las Letras.
No me imagino para tal proyecto un nombre más adecuado y justo que Casa de la Poesía. Durante sucesivas generaciones, desde Dámaso Alonso, quien lo introdujo en la poesía a través de Rubén Darío, a Lorca, Neruda, Cernuda, María Zambrano o Maruja Mallo, pasando por Carmen Conde, Miguel Hernández, Leopoldo Panero, José Luis Cano, José Hierro, Carlos Bousoño, Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Javier Lostalé, Pere Gimferrer, Antonio Carvajal, Antonio Colinas, Alejandro Duque Amusco, Jaime Siles o Luis Antonio de Villena, por sólo mencionar algunos destacados poetas y artistas de cuatro generaciones de diversas ideologías y concepciones estéticas, acogió y ayudó solitaria y solidariamente a todos estas y otras muchas personas que se acercaron en busca de alguien que les atendiera, escuchara, comprendiera y, en su caso, sugiriera. Cuando los poetas son tan propensos al monólogo, entre sus cualidades humanas Cernuda resaltó su admirable capacidad de escuchar: “Hubiera podido ser un consejero de almas, y de hecho lo fue para algunos de nosotros”.
En este monográfico encontrarán 18 artículos: uno de José Biedma sobre la última etapa del poeta, poco atendida por la crítica. Una prosa íntima con el jardín de Velintonia al fondo en la evocación de Javier Lostalé. Tres artículos sobre el lugar del poeta, el humanismo solidario y el compromiso de Aleixandre por parte de Tomás Salas, Francisco Morales Lomas y un servidor. Aurora Gámez se ocupa de La destrucción o el amor (1935) y nuestro añorado Antonio García Velasco de Ámbito (1926). Inmaculada García Haro ofrece una visión total; Joaquín Albarracín se centra en el amor; Lola Benítez, en el sentido de la vida; Silvia Olivero, de Sonidos de guerra, la Cantata que Luis de Pablo compuso a partir de un poema de Aleixandre.
Discrepo parcialmente con el admirado crítico Morales Lomas acerca de la escasa influencia de Aleixandre en la poesía contemporánea española: por un lado, es comprensible debido al poderoso estilo del poeta, tan singular que quien procure emularlo está condenado a ser un imitador, como le sucede a Lorca, no así a Cernuda, de ahí el influjo de uno y otro en la poesía contemporánea; por otro, más allá de la insignificante muestra que analizo, pienso en poetas como Pere Gimferrer, Antonio Colinas, Alejandro Duque Amusco, Jaime Siles o José Luis Rey, por mencionar algunos notables poetas y críticos vivos de diferentes generaciones.
Contamos asimismo con una semblanza; una evocación de espacios vividos de su Sevilla natal trazado por César López; el análisis de la correspondencia entre Aleixandre y Jorge Guillén por parte de José Olivero y las referencias bibliográficas de Díez Revenga a cargo de Antonio Moreno. Inspirados en la poesía de Aleixandre encontrarán poemas de Francisco Muñoz. Las fotografías del Caminito del Rey, peculiarísimo paisaje, son de Pau García. Por último recordamos al también añorado poeta Carlos Benítez Villodres, compañero de Sur. Revista de Literatura ya fallecido, a quien la ciudad de Málaga acaba de incorporar a su callejero, y quien en su día le dedicó a Aleixandre un soneto y una suerte de breve biografía visual. Como siempre, gracias a todos los colaboradores, y a ustedes, lectores, razón última de ser.



















