Resumen: La celebración del centenario de Julia Uceda es una ocasión única para hacer balance de sus extraordinarias aportaciones no solo en el ámbito de la creación poética, sino también de la narrativa o de la crítica literaria y artística, sin olvidar su relación epistolar con autores como Max Aub o José Hierro, entre otros. Y publicar sus escritos inéditos. Todo ello exige avanzar en procesos rigurosos de investigación que lleven a la publicación de su Obra Completa, siguiendo el ejemplo de lo ya realizado con su poesía -su dimensión sin duda fundamental- admirablemente resuelta por el trabajo de Jacobo Cortines, Sara Pujol e Ignacio Garmendia. Planteamos las claves esenciales para avanzar hacia un perfil total de su vida y de su obra.
Palabras-clave: Julia Uceda, Poesía, Narrativa, Crítica, Obra Completa.
Summary: The celebration of Julia Uceda’s centenary is a unique opportunity to take stock of her extraordinary contributions not only in the field of poetic creation, but also in narrative and literary and artistic criticism, without forgetting her correspondence with authors such as Max Aub and José Hierro, among others. And to publish her unpublished writings. All of this requires rigorous research processes leading to the publication of her Complete Works, following the example of what has already been done with her poetry—undoubtedly her most fundamental dimension—admirably accomplished by Jacobo Cortines and Ignacio Garmendia. We propose the essential keys to advancing toward a complete profile of her life and work.
Keywords: Julia Uceda, Poetry, Narrative, Criticism, Complete Works.
Introducción
Tal vez a algún lector pueda sorprender que hayamos querido explicitar el segundo apellido de Julia Uceda Valiente (Sevilla, 1925 – Serantes, Ferrol, 2024) en nuestra propuesta de avance hacia una comprensión más plena, más completa, de cuanto supone su vida y su obra en el ámbito de nuestra literatura. En su caso, esta herencia familiar indica también un rasgo de su carácter que explica muchas de las claves de su periplo vital y de su creación: la valentía. Julia Uceda fue siempre una mujer valiente. Dotada de extraordinaria inteligencia, de una magnífica formación y una mirada crítica perspicaz e independiente, su firme carácter (que vibra en su palabra) se despliega siempre desde la libertad, la valentía y el compromiso. Con ella misma, con los demás, con la palabra, con la vida, con la búsqueda del sentido. En contacto con la realidad (no solo la visible, sino la que Juan Ramón llamaba “realidad invisible), pero siempre abierta a la trascendencia. Con una especial mirada, que es mirada interior en un doble sentido: mirada desde su interior al mundo en torno, con una poética capacidad reveladora, y mirada interior, introspección a lo más íntimo de su conciencia (en la vigilia y en el sueño), en cuyo fondo encuentra también la resonancia de una conciencia que es universal y nos abarca a todos.
En el panorama de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, la figura de Julia Uceda se alza con una voz singular, profunda y esencial. Aunque su obra ha sido asociada, por generación, a la de los poetas del 50, su trayectoria es muy personal, para construir un universo propio, caracterizado por una indagación metafísica, una depuración formal y una hondura existencial que la sitúan como una de las voces poéticas más importantes y personales de nuestras letras. Su escritura, que evoluciona desde un inicial realismo en el que está presente su preocupación social (aunque ella fue siempre crítica con las etiquetas) hacia una exploración de los abismos de la conciencia y la memoria, constituye un legado de incalculable valor, reconocido con premios tan prestigiosos como el Nacional de Poesía (2003), el Nacional de la Crítica (2006), el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2019) o la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2021). Además, otros importantes reconocimientos como Hija Predilecta de Andalucía (2005) o Hija adoptiva (2008) y Medalla de Ferrol (2022).
Julia Uceda emerge como una poeta cuya obra puede definirse como total en cuanto conjuga voz propia, ética, reflexión profunda, lenguaje poético depurado, compromiso existencial, honda búsqueda del ser y de la palabra, con madurez y profundidad. Su perfil expresivo y sus cauces genéricos son pluriformes: no solo a través de la escritura poética, también del relato, la crítica literaria y artística, el diálogo epistolar…Con una coherencia y autenticidad abrumadoras. El importantísimo texto “¿Somos quienes quisimos ser?”, que abrió Escritos en la corteza de los árboles y ahora cierra su Poesía Completa (2023) evidencia la profunda conexión de todas estas dimensiones y la capacidad de afrontar, a la vez como autora, lectora y crítica, las claves e hitos fundamentales de su escritura, profundamente conectada con su peripecia vital. Y llena de intertextualidad, de polifonía, de dialogismo como apertura en su palabra a lo que la trasciende y se expresa a través de ella.
Su trayectoria revela un crecimiento progresivo —temático, expresivo, formal— que muestra fidelidad a un núcleo poético (identidad, alteridad, silencio, palabra, compromiso, juicio crítico) pero también apertura a nuevos símbolos, formatos, escenarios e influencias, que reflejan los diversos tiempos y lugares que marcan su vida.
Su recepción ha sido lenta y tardía; su rescate -tan merecido- ha sido muy importante, pero aún insuficiente, y su estudio ofrece ocasión para muchas aportaciones, hacia el horizonte de su obra completa a través de nuevas aproximaciones, estudio y edición de su epistolario, entrevistas y archivos personales, comparaciones con poetas contemporáneas y traducciones- como la modélica edición de Francisco Uceda, And a WomanWalked and Walked and Walked (2021)–que deben garantizar su recepción fuera de España, dado el innegable alcance universal de su creación.
Hitos de un singular perfil biográfico.
Nacida en Sevilla el 22 de octubre de 1925, se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad Hispalense (1960), con Premio Extraordinario, y obtuvo el doctorado en 1963, con una tesis sobre el poeta José Luis Hidalgo: vida y obra, dirigida por el Catedrático Francisco López Estrada, que había sido su profesor de lengua y literatura. Con él y con sus compañeros realizó un viaje a París a finales de los cincuenta, que fue decisivo en su cambio de perspectiva y de escritura poética.
Son muy importantes estas palabras que ofrece al frente de su Tesis, que rescaté en mi aportación sobre su crítica literaria (Vázquez Medel en Cortines, 2017: 113-138):
Una de las razones que me decidieron a escoger como tema de mi tesis de doctorado el estudio de la vida y la obra de José Luis Hidalgo fue mi vocación poética. Al servicio de esta vocación he publicado hasta ahora dos libros de poesía, Mariposa en cenizas, en 1959, y Extraña juventud, que obtuvo en 1962 el accésit del Premio Adonáis, además de algunos ensayos críticos sobre distintos temas referentes a la poesía moderna: las preocupaciones y sicología de los poetas aparecidos en España después de 1955; las características de la poesía de Manuel Mantero en los dos últimos libros de este poeta de Sevilla y en el tercero realizo un estudio sobre las Obras Completas de José Hierro. Por otra parte, la crítica de libros poéticos que hago en las revistas Ágora o Ínsula, me pone en relación con la obra más reciente de la poesía actual.
En 1959, en efecto, publicó su primer libro Mariposa en cenizas (título que refleja un verso de Góngora) como anexo de la revista Alcaraván de Arcos de la Frontera, que dirigían Antonio y Carlos Murciano. Participa activamente en los círculos sevillanos de poesía (Club La Rábida, de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos; Recitales del Colegio Mayor Hernando Colón; Charlas de Café en el bar Giralda, entre otros). Dirigió junto a Manuel Mantero -al que le unió una gran amistad- y Ángel Benito la revista Rocío.
Su admiración por los grandes impulsores del simbolismo y referentes de la generación del 27, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, la lleva a dirigir un homenaje a Juan Ramón Jiménez en el Club La Rábida de Estudios hispanoamericanos en 1958, con ocasión de la muerte del Premio Nobel, y otro a Antonio Machado en la Universidad de Sevilla en 1959, con ocasión del 20 aniversario de su muerte en el exilio. Fue incluida en la nómina de poetas de la Antología de poetas jóvenes sevillanos realizada por María de Los Reyes Fuentes en el número 159 de la revista Lírica Hispana de Caracas en 1956, y participó en el recital del Ateneo de Sevilla del 1 de junio de 1957 que se ofrecía, recordando a la Generación del 27 en el 30 aniversario de su encuentro de Sevilla, como el acto de presentación de la generación sevillana del cincuenta, junto a Aquilino Duque, María de los Reyes Fuentes, Manuel García-Viñó, Pío Gómez Nisa, Manuel Mantero y José María Requena.
En 1961 obtuvo el accésit al premio Adonáis con el poemario Extraña Juventud(1962) cercano a la estética social de aquellos años, pero con una personalidad propia y distinta. A partir de su tercer poemario, Sin mucha esperanza (1966), comienza un nuevo rumbo estético marcado por la incorporación del pensamiento grecolatino. Estos tres poemarios constituyen la primera etapa de la autora, que Sara Pujol (en Uceda, 2002: 33-37) denominó “Logos de amor” (1959-1966): “un amor privado en el primer libro, un amor hacia el hombre en los otros dos y un amor subyacente en todas las etapas”. Porque, en efecto, una de las claves del universo poético de Uceda, siempre en despliegue y transformación, es la persistencia de muchas de sus inquietudes, temas y cauces expresivos a lo largo de toda su obra, más allá de los cambios y puntos de inflexión de su trayectoria. Autenticidad y fidelidad a sí misma y a su compromiso con la palabra.
Tras recibir una oferta de la Universidad Estatal de Míchigan marchó a Estados Unidos. Allí escribió Poemas de Cherry Lane (1968) (nombre de la calle en que vivió inicialmente), que marcó el comienzo de una segunda etapa influenciada por la psicología analítica, que impulsa su potencial simbólico y la tensión de una trascendencia inmanente. Hemos de señalar de nuevo la importancia que para Uceda tuvo la positiva influencia de Rafael González Palacios, eminente psiquiatra y médico humanista, con el que contraería matrimonio en su etapa de estancia en Irlanda.
Hasta 1970, permaneció en Míchigan, pero en ese año volvió a España, primero a Oviedo y después a Albacete. Sin embargo, decidió regresar a Estados Unidos, aunque se marchó de nuevo. En 1974, se instaló en Irlanda donde trabajó como profesora en el Dublin College hasta 1976.
Su decisión de residir en Estados Unidos y en Irlanda no fue meramente profesional, sino una búsqueda activa de nuevos horizontes para su vida y, sobre todo, de la libertad y oportunidades que España negaba entonces. Este exilio se imbricó profundamente con su temática poética, que aborda la condición de «extranjera en los viejos lugares».
Campanas en Sansueña (1977), título que viene de Cervantes, escrito en Irlanda, cierra esta segunda etapa que Sara Pujol rotuló con una frase de Saramago, “Aquella noche, el ciego soñó que estaba ciego” (1968-1977), por la importancia que la dimensión onírica y su valor revelador tienen en esta obra y en toda su escritura posterior.
Viejas voces secretas de la noche (1981) marca otro nuevo punto de inflexión en su creación poética. La «noche» será su símbolo central: es el reino de lo inconsciente, de la memoria sumergida, de los fantasmas del pasado y de una posible comunicación con lo trascendente. La poesía se convierte en un instrumento de conocimiento, un medio para escuchar esas «viejas voces secretas» que emergen en la soledad y la oscuridad. El lenguaje se hace más denso, simbólico y musical, buscando expresar lo inefable, desde un profundo extrañamiento. Pujol ha denominado esta tercera etapa, que también incluiría Del camino del humo “Hacia la fuente invisible” (1981-1994). Son los siete libros publicados hasta la edición fundamental de En el viento, hacia el mar (1959-2002), que ya anticipa algunos poemas de su obra posterior.
Julia Uceda se estableció en Galicia en 1976, donde tanto ella como su esposo Rafael González Palacios hicieron grandes aportaciones a la literatura y la educación, y a la salud mental, respectivamente. Allí escribió sus cuatro últimos poemarios, Del camino de humo (1994), Zona desconocida (2006), Hablando con un haya (2010) y Escritos en la corteza de los árboles (2013), que se incluyen en la fundamental edición de su Poesía completa (2023) con excelente prólogo de Jacobo Cortines, y que añade a los diez títulos mencionados hasta aquí “Otros poemas” que por diversas razones quedaron fuera de sus libros, así como los cuatro de la plaquette Teclas rotas.
Mirada su obra en conjunto, su palabra dinámica y cambiante, pero fiel a los valores y núcleos temáticos señalados, nos conduce a la reflexión sobre las grandes preguntas, sobre el origen y la búsqueda en el presente de la herencia del pasado remoto. La memoria ya no es solo individual, sino que se conecta con una memoria colectiva, casi arquetípica, con clara influencia de Jung. Hay una búsqueda de la «pureza» o esencia última de las cosas, una indagación en la identidad fragmentada. Uceda se adentra en los límites de la experiencia humana, en esa «zona» limítrofe entre la vida y la muerte, la conciencia y el sueño, lo real y lo imaginado. Es una poesía de una desnudez y una hondura extraordinarias.
Fuertemente conectada a su obra poética está su escritura narrativa, que ofrecería por primera vez en 1980 con el título erasmista En elogio de la locura, y el magnífico prólogo de Manuel Mantero. La recopilación de relatos, Luz sobre un friso (2008), recoge los textos “Rebelde”, “El silencio”, “Un documento”, “Luz sobre un friso” y “Blanco sobre verde”. Como muy acertadamente se indicaba en la contracubierta, “Historias de un tiempo perdido, destiladas de relatos familiares y de la memoria recobrada, los cuentos que agrupa Luz sobre un friso desprenden a la vez el tenue aroma del pasado fantasmal y la vigorosa presencia de una mágica alucinación. La locura y las obsesiones son, junto con la culpa, el arrepentimiento o el ansia de libertad y plenitud, los materiales que Julia Uceda moldea con su peculiar estilo: lírico, crítico pero fresco, pleno de humor y piedad”.
Residió en el barrio ferrolano de Serantes durante cinco décadas. Allí falleció el 21 de julio de 2024, a los 98 años. En sus últimos años quiso unir a su nombre y a su vínculo con Galicia el de su esposo, el importante médico humanista Rafael González Palacios, que contribuyó a la transformación de la psiquiatría en España y falleció a comienzos de 2017.
Aunque su poesía ha sido traducida a varios idiomas como el portugués, inglés, chino y hebreo, una de las tareas fundamentales de la crítica será la difusión internacional de la obra de Julia Uceda.
Su prolongado contacto con el mundo anglosajón, unido a un profundo conocimiento de la filosofía existencialista y la poesía europea, influyó decisivamente en su sensibilidad y en su concepción del hecho poético. Lejos de los cenáculos literarios españoles, Uceda forjó una voz propia al margen de modas, concentrada en una búsqueda interior que bebe de fuentes como Rilke, Cernuda o la tradición mística española, pero que se expresa con un lenguaje moderno y desgarradamente humano.
El compromiso, clave de la Poética ucediana.
La excelente antología Viejas voces secretas, preparada y prologada por Ignacio Garmendia, muestra de forma inequívoca que el compromiso es la seña de identidad fundamental de su obra. El prólogo “Lo inefable”, que nos inspira algunas de las siguientes reflexiones, es de las mejores aportaciones críticas sobre Uceda. Este compromiso se manifiesta en tres esferas interconectadas: con el lenguaje, con el ser humano y con la sociedad.
El compromiso existencial y la “extrañeza”.
La extrañeza es la palabra clave que cifra los temas recurrentes en el itinerario de sus diez libros. Este sentimiento de desajuste es fundamentalmente existencial y se manifiesta en varios niveles: la extrañeza del sujeto poético respecto de su propia identidad («Julia o Julia Uceda» o representada por el genérico «ella»), la extrañeza respecto de la sociedad, y, de forma creciente, respecto del mundo que habita.
Su poesía, caracterizada por la constante búsqueda de respuestas, es marcadamente existencialista, vinculada a la cotidianeidad más personal y al mundo onírico. Filósofos como Heidegger o Camus han sido referentes mayores en este itinerario, aunque su obra nunca es mero «pensamiento en verso», sino palabra interrogante, búsqueda del sentido.
En los primeros poemarios, la extrañeza se mezcla con la angustia existencial y el malestar por la situación española. El sujeto lírico se siente siempre como «una extraña», mirando «el detrás de las cosas, las nucas, las espaldas, los talones extraños, el confuso revés de las sonrisas». En poemas como «Extraña juventud» emerge la conciencia de que «no existen la vida y la esperanza», y en «El Secreto» la poeta se pregunta «¿Quién eres? / dónde estás, por qué túnel has huido».
El compromiso con el lenguaje: lo inefable y el origen.
El compromiso con el lenguaje se detecta cuando la autora reconoce las dificultades de encontrar la palabra justa que exprese nuestros sentimientos. El lenguaje, o la necesidad de comunicación, ocupa el centro de una poética que explora las insuficiencias y obstáculos de ese deseo de entender o ser entendido.
La extrañeza se agudiza respecto del lenguaje cuyas limitaciones «no pueden expresar en toda su complejidad las vivencias o las intuiciones que pertenecen al terreno de lo indecible». De hecho, el sentimiento existencial conduce a la convicción de que una parte importante de la experiencia humana pertenece al vasto territorio de lo inefable.
Esta indagación verbal (en profunda conexión con la pintura, la música o el cine) es una búsqueda a través de caminos no hollados. Ya en Mariposa en cenizas, se encuentran referencias a «extrañas palabras olvidadas». La autora intenta nombrar lo innombrable: el vacío. “No el vacío que está en el Diccionario, definido y concreto, sino el real, el otro, el sin palabras». El secreto primordial ha sido «encarcelado por la palabra», y debe ser liberado, apuntado de nuevo desde ella, como ese tanteo en la niebla con el que Cernuda identificaba la poesía auténtica.
La misión asumida por Uceda es la de liberar lo no dicho y resucitar palabras e historias no nacidas. Busca «señales en la piedra» y «lo que quiere ser dicho de nuevo y espera». Las palabras, aunque son «diosas del fuego» y sustentan la alquimia del verso, son a la vez «tan sólo nombres», insuficientes ante el misterio. En Escritos en la corteza de los árboles, la poeta lamenta que «no se formularon las palabras que necesito».
El compromiso social y la poesía civil
Crítica con una buena parte de la poesía social de su tiempo (especialmente por su falta de compromiso con la palabra y con la belleza), sin embargo Uceda ha escrito algunos de los poemas civiles más comprometidos de las últimas décadas, perdurables porque se centran en el ser humano y en el humanismo, y no en las ideologías o doctrinas. Su veta social es muy estilizada, rehuyendo la obviedad, la grandilocuencia y la retórica postiza. Una magnífica conjunción de ética y estética.
Su compromiso apunta a la compasión y solidaridad con los perseguidos y condenados («El acusado»). Desde el inicio, denuncia la censura de ideas, donde «un aire de silencio nos vela la palabra», frente al «ansia de palabras prohibidas». También alude a la situación española, a menudo indirecta pero inequívoca, mostrando su distancia hacia un «país envilecido» como en el poema «España, eres un largo invierno» donde la nación es un «gordo gusano devorante».
Con el fin de la dictadura, sus incursiones sociales se abren a una impugnación de dimensiones universales. Poemas como «Del olor del humo» evocan sin batallas gloriosas a Normandía o Hiroshima. «Palabras para cantar alrededor de un templo vacío» ironiza con horror sobre la Guerra de Irak, relacionando el solar de la antigua Mesopotamia con los escombros del «Edén destruido» y la paciencia de Dios ante el dolor.
Uceda aborda la tragedia española en clave de farsa en «Regresa el pálido caballo», denunciando la banalidad que profana la memoria de los muertos, refiriéndose a los sucesos de Casas Viejas. Estos poemas, que nunca son meramente enunciativos, constituyen cargas frontales con una profunda inquietud ética.
El último poema que recibí de Julia Uceda.
Como han manifestado los mejores críticos de la obra de Julia Uceda, el contacto con su palabra nos transforma como seres humanos. También el contacto con su vida, desde su firme y exigente personalidad, pero sobre todo desde su inteligencia, su capacidad de diálogo, su amabilidad y su profunda ternura que late también hasta en sus versos más duros (un ejemplo extraordinario sería el conmovedor poema dedicado “A Edith Piaf”). Quienes tuvimos la suerte de conocerla y tratarla podemos acreditarlo.
En mi caso, fui lector temprano de la poesía de Julia Uceda, impulsado también por el conocimiento y amistad con su sobrina Pilar Pérez Uceda. La publicación de En el viento, hacia el mar (2002), que la convertiría en la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Poesía en democracia, tuvo para mí un extraordinario impacto, que convirtió este poemario en uno de mis libros de cabecera. Siempre pensé que la Universidad de Sevilla tenía una importante deuda con ella. Julia fue una de las primeras mujeres en doctorarse, y la primera con una Tesis sobre poesía. En la Universidad hispalense ejerció la fascinante docencia que ha testimoniado Jacobo Cortines, basada en los textos, en su poderosa capacidad interpretativa y avanzada a los tiempos.
Por todo ello organicé en octubre de 2015, con ocasión de su 90 aniversario, un gran acto de reconocimiento en el que el Rector le hizo entrega de la primera “Fama de la Poesía” del Aula de Poesía Ateneo/Universidad de Sevilla, cuya réplica en bronce tuvo hasta su muerte Julia Uceda en su despacho.
A partir de ese momento nuestra amistad se hizo más profunda, y nos comunicábamos con mucha frecuencia a través de las llamadas telefónicas, los mensajes y los correos electrónicos. Esos meses estuvieron marcados por su preocupación y el cuidado de su esposo, el gran psiquiatra y humanista Rafael González Palacios, que falleció el 5 de enero de 2017. Fue muy duro, porque -además- se había decidido que ese año en Andalucía fuera el “Año Julia Uceda”. Doy fe de ello porque acompañé a Julia cuando depositó sus cenizas -como más tarde se depositarían las suyas- en el cementerio de Los Palacios. La tristeza por la pérdida de su compañero le acompañaría siempre.
Tuve la fortuna de participar activamente en el “Año Julia Uceda” (2017), y gracias a la generosa invitación de Jacobo Cortines pude ofrecer en el catálogo Julia Uceda. La mirada interior el texto “Aportaciones de Julia Uceda a la crítica y a la investigación literaria”.
El 25 de marzo de 2023 estaba prevista la entrega en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla del XIV Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija” (2022), otorgado por la Asociación Colegial de Escritores de España en su sección de Andalucía (ACE-A). Julia había pedido que yo hiciera su “Laudatio”, que me permitió releer durante varios meses su obra extraordinaria. Finalmente no fue posible. Los médicos desaconsejaron su viaje en avión a Sevilla por el estado delicado de su salud.
Entonces ella me hizo llegar este poema a su ciudad natal, que finalmente sería leído por su sobrina Pilar Pérez Uceda cuando sus cenizas fueron depositadas en el cementerio municipal de Los Palacios y Villafranca (Sevilla) el 23 de agosto de 2024, cumpliendo con el deseo de su familia de que reposaran junto a las de su marido. Como tal vez sea de los últimos que escribiera y revisara, aunque ahora encabece la sección “Otros poemas” de su Poesía Completa, me parece importante ofrecerlo aquí, por el pequeño detalle de una coda en octosílabos que decidió añadir (y es inédita):
RECUERDO PERFECTAMENTE ESOS DÍAS…
Mi infancia son recuerdos de calles de Sevilla
de quietas barreduelas, de patios muy callados,
de luces que se cruzan con siglos y futuros
donde el tiempo navega sin destino ni pausa.
Mi infancia tiene pájaros muertos sobre una colcha,
albercas de un verdor negro y acristalado,
caracolas que trepan por un muro y regresan
y las toco con dedos que ya no son los mismos.
Llega, por muchas calles, un olor a romero,
y un aire que me abriga como un seno lejano
que recordar no puedo, las sombras de otras casas,
ruidos familiares: los pasos de la muerte.
Ella iba y venía por inviernos perdidos
acodada en las cunas, esperando en los templos.
No comprendo que un día se fuera a alguna parte
dejando su trabajo para algún otro día.
En las casas partidas por el rayo
queda una sombra fresca de velas descorridas
y lo que no recuerdo me hace señas lejanas
hasta que resuciten cuando doble una esquina.
Me fui con los que se fueron
en un barco con retorno,
barco del aire con rutas
que otros, con miedo, cortaron.
Este hermoso poema de resonancias machadianas, verdadera “regressio ad originem”, al territorio de su infancia y sus primeros años, es muy revelador de la escritura poética de Julia Uceda. Su perfecto dominio del ritmo fluye a través de los alejandrinos, rotos muy sabiamente por el endecasílabo “en las casas partidas por el rayo”, preciosa correspondencia de expresión y contenido. Y termina con esa coda de octosílabos, subrayando su condición de caminante, de viajera. Ella, como Antonio Machado, podría afirmar que se fue “ligera de equipaje”. Podríamos aplicarle los hermosos versos de Machado en su elegía a Francisco Giner de los Ríos:
¿Murió?… Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
A modo de conclusión.
Julia Uceda representa la estirpe del poeta como explorador de los confines de la conciencia. Su obra, construida con paciencia, constancia y coherencia al margen de los focos y de las modas, constituye uno de los corpus más sólidos y conmovedores de la literatura española reciente. No es una poesía fácil ni complaciente; exige del lector una entrega similar a la que ella misma realiza: un descenso a la propia intimidad para escuchar sus «viejas voces secretas». En un mundo dominado por el ruido y la superficialidad, la poesía de Julia Uceda se ofrece como un espacio de silencio, reflexión y trascendencia, un testimonio de que la palabra, cuando es auténtica, puede iluminar incluso las zonas más desconocidas del ser humano. Por ello, seguirá vigente más allá de la coyuntura en que se gesta, como vía para el conocimiento y la vivencia de muchas de las claves de lo esencial humano.
Coda.
Poco tiempo antes de morir Julia Uceda, quiso compartir conmigo una foto en la que aparecía, aún en su casa, delante de sus libros, con los ojos cerrados, pero con esa dignidad que la enfermedad no pudo arrebatarle, y envuelta en luz. Me impactó tanto, que decidí escribir un poema, en el que aludí a sus principales títulos, que compartí con ella:
JULIA UCEDA RECIBE EL DON DE LA LUZ
Una imagen me llega del lugar en que moras,
alejada del ámbito que te ha visto nacer.
La imagen apacible de una hermosa mujer
que la luz acaricia en estas lentas horas.
¡Hay tanta dignidad en tus cabellos canos,
tanta sabiduría en tu frente serena,
en tus manos esbeltas hay tanta viva plena
y en tus ojos caídos tantos hondos arcanos!
Rodeada de libros que custodian tu vida
en su centro refulge tu palabra entregada
En el viento, hacia el mar, y una nueva alborada
que valiente recrea Zona desconocida.
Tu palabra te muestra Hablando con un haya
y hablando con nosotros con eco resonante.
Y aquella Mariposa en cenizas amante
sigue viva buscando belleza donde haya.
Querida Julia, amiga, desde la lejanía
te hago llegar mi afecto, mi gratitud inmensa
por tu palabra viva, poderosa defensa
de estos tiempos infames de luchas y agonía.
Manuel Ángel Vázquez Medel
Su respuesta inmediata me conmovió: “Tus palabras me han saltado lágrimas. Es lo más bello que se me ha dicho. Me gustaría verte antes de irme”.
No pudimos despedirnos personalmente. Por ello vuelvo una y otra vez a su palabra, que me hace mejor y me enriquece, donde la encuentro viva. Y por ello mi invitación (y mi incitación) a su lectura quiere emplazar a las lectoras y lectores a una mejor comprensión, crítica y creativa, de la existencia, y al gozo (que es más que goce) que su palabra nos regala.



Referencias
Obras de Julia Uceda
Poesía
Uceda, J. (1959). Mariposa en cenizas. Pról. de Manuel Mantero. Arcos de la Frontera: Alcaraván.
Uceda, J. (1962). Extraña juventud. Madrid: Rialp. Col. Adonais.
Uceda, J. (1966). Sin mucha esperanza. Madrid: Ágora.
Uceda, J. (1968). Poemas de Cherry Lane. Madrid: Ágora.
Uceda, J. (1977). Campanas en Sansueña. Madrid: Gráficas Uguina. Col. Dilcinea.
Uceda, J. (1981). Viejas voces secretas de la noche. Ferrol: Esquío.
Uceda, J. (1994). Del camino de humo. Sevilla: Renacimiento.
Uceda, J. (2002). En el viento, hacia el mar.Ed. y Pról. de Sara Pujol. Sevilla: Fundación José Manuel Lara. Col. Vandalia.
Uceda, J. (2006). Zona desconocida.Seguida de un ensayo de Miguel García Posada. Sevilla: Fundación José Manuel Lara. Col. Vandalia.
Uceda, J. (2010). Hablando con un haya. Valencia: Pre-Textos.
Uceda, J. (2013). Escritos en la corteza de los árboles. Sevilla: Fundación José Manuel Lara. Col. Vandalia.
Uceda, J. (2023). Poesía completa. Pról. Jacobo Cortines. Sevilla: Fundación José Manuel Lara. Col. Vandalia.
Narrativa
Uceda, J. (1963). “La carretera. Narración”, Ínsula, 199 (1963)
Uceda, J. (1980). En elogio de la locura. Pról. Manuel Mantero. Sevilla: Barro.
Uceda, J. (2008). Luz sobre un friso. Palencia: Menoscuarto.
Antologías principales
Uceda, J (1991). Poesía. Ed. e Intr. F.J. Peñas-Bermejo. Ferrol: Esquío.
Uceda, J. (2017): Viejas voces secretas. Antología poética (1959-2013). Sel. e Intr. Ignacio F. Garmendia. Sevilla: Consejería de Cultura.
Uceda, J. (2021). And a Woman Walked and Walked and Walked. Intr. y Sel. F. Uceda. Place, Bayside (NY): ArtepoeticaPress.
Sobre Julia Uceda
Pujol, S. (Coord.)(2004): Julia Uceda, conversación entre la memoria y el sueño. Ferrol: La barca de loto.
Cortines, J. (2017): Julia Uceda. La mirada interior. Sevilla: Consejería de Cultura.



















