LA ENTRAÑA DEL VACÍO

PALOMA FADÓN. para Sur Literatura MZ. Claros del Bosque_Página_14

Pepe Biedma

“Sentí que una caverna negra se iba agrandando

dentro de mi cuerpo”

Ernesto Sábato. El Túnel XXXVIII

‘Niligitur fieri de nilo posee fatendumst’

Lucrecio. De rerum natura, I, 205.

ABSTRACT

Westart from the decipherment that in her book El hombre y lo divino María Zambrano makes of the feeling of nothingness, as a sequel to the romantic rebellion. We relate and expand his point of view with the nihilism of the shadow philosophies, which followed the philosophies of suspicion, with negative theology, with mysticism and with poetic reason, from which itispossible to glimpse a beyond nihilism through a discreet exercise of creative freedom, butaware of its limitations.

RESUMEN

Partimos del desciframiento que en su libro El hombre y lo divino hace María Zambrano del sentimiento de la nada, como secuela de la rebelión romántica. Relacionamos y ampliamos su punto de vista con el nihilismo de las filosofías de la sombra, que siguieron a las filosofías de la sospecha, con la teología negativa, con mística y con la razón poética, desde la cual es posible vislumbrar un más allá del nihilismo mediante un ejercicio discreto de la libertad creadora, mas consciente de sus limitaciones.

TÉRMINOS CLAVE

Absurdo, Angustia, Mal, María Zambrano, Mística, Nada, Nihilismo, Privación, Razón poética, Sombra, Silencio, Vacío.

KEYWORDS

Absurd, Bad, Distress, María Zambrano, Mysticism, Nothingness, Nihilism, Deprivation, PoeticReason, Shadow, Silence, Emptiness.

María Zambrano descifra la Nada en su tratado El hombre y lo divino (1955-1973). Ídolo del nihilismo es la nada, como postrera reaparición de lo sagrado. La filosofía moderna, que se desempeñó desde sus orígenes como ejercicio de superación de mito y tragedia, como ejercicio de impasibilidad, de renuncia y ascético juego, transida de romanticismo acabó por penetrar abrumada en el infierno, en el bajo fondo de su mismo ínfero.

Estoicos y epicúreos ofrecían un repertorio de fármacos racionales, o por lo menos razonables, para conjurar el miedo y la esperanza, pudiendo así vivir sabiamente con serenidad, en el limbo de la contemplación intelectual, de la apatheia, de la ataraxia. Sólo Platón –según la filósofa de Vélez- bordeó esos abismos infernales, los ámbitos desiertos del no-ser, que Parménides había considerado intransitables y de los que, por supuesto, no podemos formarnos una representación clara, porque, obviamente, no puede haber forma ni acaso figura o esquema de lo que no existe, por más que el diácono Fredegiso de Tours escribiese en el año 800 a sus colegas de la corte de Aquisgrán aquella insólita epístola en que afirmaba con extraño coraje que la nada tenía que ser algo, pues Dios había creado a partir de sus tinieblas (ex nihilo et tenebris) y, segunda razón,porque no hay palabra que entendamos, tal que “nada”, que no signifique algo.

Por más que “la nada nadee”[1] en un océano sin agua y sin vida, en una noche más negra que el betún, sin poder ser analizada científicamente ni aislada en un matraz, no podemos eludir el horror que en las almas modernas y contemporáneas ha causado “la muerte de Dios”, el sentir de su ausencia niel lamento del vacío de ideales que Dios representaba: Bien, Verdad, Justicia.En la entraña de ese abismo notamos el bocado del No-ser que, como la conciencia de la muerte, amenaza creación y vida. Tanto el vitalismo como el existencialismo se han mostrado hipersensibles a las maldiciones e intimidaciones de los infiernos del ser, a la agonía de la temporalidad que todo lo deshace, incluidos los grandes ideales y utopías que orientaron la acción pública. La nada (le néant) en Sartre es la total soledad, frente a la cual los otros constituyen trágicamente su infierno[2];en Camus se muestra la inanidad moral de toda acción y se expresa en el eterno suplicio de Sísifo; en Heidegger aparece un mero proyecto de ser, mas velado por el amargo imperio del olvido.ZygmuntBauman se ha querido mostrar en nuestros días fiel al espíritu utópico con su idea de retrotopíaque es anhelo de resucitar los malogrados y olvidados potenciales del pasado, abandonado y redivivo[3], pero su teoría de la “modernidad líquida” no hace sino enfatizar la inconsistencia de las relaciones humanas en un angustiante mar de incertidumbre.

L’Être et le Néant de Sartre muestra ante todo –según Merleau Ponty- que el sujeto es libertad, ausencia, negatividad y que, en este sentido, la nada es, pues su acción es la “realización” de la nada en el ser, lo cual hace posible la moral. Y es que después de Descartes la existencia como conciencia se opuso radicalmente a la existencia como cosa extensa y la relación de una a otra es la de lo vacío (inextenso) a lo lleno. A la conciencia le falta estabilidad, es histórica y está siempre “en situación” y el hombre, inacabado, es un defecto de la paz del mundo; la conciencia, una adaptación imperfecta. La libertad era para Sartre una nada, una nada que es para nosotros todo, maldición y grandeza humana, generadora tanto de caos como de orden. Y “esto quiere decir también que el sujeto no es más que nada”. El espíritu es volubilidad, negatividad y la conciencia, cuya pretensión es devenir cosa, ser, nunca lo consigue. Esa nada emerge y viene al mundo y no sobrevive en libertad sino al precio de la ambigüedad y angustia del compromiso que afirma y restringe al mismo tiempo su libertad[4].

Y sin embargo, tras el derrumbe de la eternidad, emerge en nuestros días la memoria –aun mecánica- más despierta, accesible y minuciosa que jamás hayamos conocido o disfrutado, como resistencia a la nada. Levantamos hechos y cantidades, técnicas y estadísticas contra el vacío y también, en su forma puritana, un laberinto de leyes y obligaciones, de quehaceres “inclusivos, solidarios y sostenibles”, aunque no esté nada claro cuáles son las columnas que sostienen, les dan sentido o finalidad, en un mundo poblado de enseres de obsolescencia programada y de narcisistas mendaces.

Pues sí, ¡la nada nadea! Si no se deja imaginar, pensar ni definir, se deja al menos sentir y poetizar. Nada o naufraga también en la queja y la indignación. El sabio antiguo confiaba en el orden del mundo, que era para él Kosmosy Harmonía; el filósofo moderno desconfía, entra en suspicacia, más extrema todavía que la platónica ante los ídolos e iconos de la Internacional Publicitaria y la marea propagandística. Según Ortega, Kant confesó que el mundo era caos y desorden[5]. El escéptico griego no partía de un estado de duda como Descartes, llegaba a la duda, la conquistaba y la creaba con esfuerzo argumentador. En Gorgias es resultado y doctrina. El humanista y chretorsiciliano –representado con dignidad por Platón en uno de sus más reapropiables diálogos- no duda de la realidad, sino de que por debajo de los fenómenos haya algo, una almendra constante y permanente que pueda ser pensada y comunicada unívocamente. No obstante, Gorgias aceptaba la idea de realidad de su época en la que se integraba sin problemas, más bien con éxito rotundo. Sin embargo, en la Edad Moderna, el estado de duda e incertidumbre se hizo general y nativo hasta precipitarnos en un nihilismo casi absoluto, que puede entenderse como dogmatización del escepticismo y negación del ser, la verdad y el valor. La reciente teoría de la No-verdad, la deflación de la vedad, es uno de sus síntomas, asociado a la creencia en el poder de la mentira: “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”, denuncia Jean-François Revel[6].

Según Albert Camus[7], con Nietzsche el nihilismo se vuelve profético y consciente, negación metódica. El alemán envidiaba a Stendhal la fórmula (¡moral!): “La única excusa de Dios es que no existe”. En efecto, con el nihilismo “consumado” de Nietzsche asistimos a un retorno de lo religioso. Según María Zambrano el sentir de la nada permite superar el dilema del tiempo que el delirio del superhombre no logró realizar y define la aceptación de la piedad como aceptación de “lo otro”, del misterio y la pluralidad de ámbitos del ser[8], piedad que no es abstracción, sino acción. El nihilismo metafísico muestra así su falta de fundamento. Para María Zambrano la muerte de Dios no es tampoco un invento de Nietzsche, pues se encuentra en el centro, en el fondo trágico de la teología cristiana, en la forma de un deicidio y de una teofagia ritual, no menos atávica que simbólica. El hombre mata a Dios y Dios se sacrifica para que el hombre sea perdonado y deificado con su ingesta. El móvil de tal crimen es la reducción de la distancia –irreductible en absoluto- entre lo divino y lo humano, porque el asesinato requiere contacto. Matar lo que se ama, incluso lo que se adora, no es inusual en nuestra especie y prueba la ambigüedad de la pasión y del sentimiento en los amores tóxicos. Para María Zambrano, la propuesta de Nietzsche destruye todo lo humano menos el tiempo y la nada.

Otros autores sugieren que María Zambrano hace una lectura psicológica y correctiva del nihilismo de Nietzsche (nihilismo que es inherente a la modernidad) desde el presupuesto de la religación del hombre con lo sagrado[9]. La Nada sería categoría radical de la que emerge la trascendencia[10]. Tal vez –como insinúa Damián Pachón-, Zambrano no le perdonó a Nietzsche el haber matado al Dios cristiano[11]. Y es posible que el concepto de religaciónzubiriano estuviese muy presente en la mentalidad de nuestra filósofa. Sea como fuere, para María la nada es lo sagrado puro, hermético, ambiguo, activo, incoercible: la sombra de Dios. Es lo que el místico sabe y el poeta presiente. Estar abierto a todo es estar vacío de todo (Juan de la Cruz). Y ha sido el poeta más que el filósofo el que ha despertado a la Nada en su persecución de la multiplicidad desdeñada y la menospreciada heterogeneidad del ser. El poeta da nombre y rostro a la Nada en su vivencia de la angustiacomo anhelo de eternidad.

El síntoma más grave del nihilismo para Albert Camus no es el ateísmo, sino la impotencia de creer que lleva a la impotencia de vivir y padecer lo que se nos ofrece, dolencia que considera base de todo idealismo. La impotencia de creer jamás es absoluta, salvo en el ímpetu autodestructivo del suicida. El que asegura no tener creencias hace trampa, ya que tiene al menos la creencia de no tener creencias[12]. Nietzsche se percató de este nihilismo que subyacía en la doctrina del más allá idealista, de la epekeinaplatónica. De hecho, él no concibió el proyecto de matar a Dios, sino que se lo encontró ya muerto en el alma de su tiempo. El mismo cristianismo constantinista (que diría Juan Larrea) fue acabando con Él, enterrándolo con su racionalismo paganizante. La Iglesia secularizó lo sagrado y luego el socialismo lo degradó aún más, pues para Nietzsche el socialismo no es más que un cristianismo degenerado, un mesianismo colectivista o un jesuitismo secular[13].

Albert Camus afirma que el término “nihilismo” fue forjado por Turgeniev en su novela Padres e hijos[14]. Los nihilistas rusos reconocían “la esterilidad de lo que es”. Es nihilista el hombre que extraña el orden existente y no desea mezclarse con él y para el cual él único valor es el egoísmo racional. Camus escribe que el nihilismo de los sesenta rechazaba toda acción que no fuese egoísta. DimitríIvanovithPisarév concluyó la teoría del terrorismo intelectual (“todo lo que pueda romperse hay que romperlo”) y WladimirWeidlé definió el nihilismo como un oscurantismo racionalista. Camus quiso ir “más allá del nihilismo”. Así titula el último capítulo de El hombre rebelde,donde afirma que para ser hombre hay que rehusar ser dios. Fin del romanticismo. Y eso “aunque nada pueda desalentar el apetito de divinidad en el corazón del hombre”[15].

Sin Dios, el hombre se hace super-responsable. Nietzsche sabía que esa liberación del Epekeinano es cómoda. Sin ley no hay libertad, sólo fuerza, la de los Damocles bailando solitarios bajo una espada. De la predicación del Superhombre resultó la fabricación y aniquilación sistemática de “infrahombres”. Sin duda, cuando se mostró su obra como legitimación del crimen, fue también eso una injusticia que se le hizo a Nietzsche, aunque las hipérboles esteticistas del alemán facilitaban una interpretación criminal de sus ditirambos vitalistas “más allá del bien y del mal”. Nietzsche y Marx sustituyeron “el más allá” (el epekeinaplatónico) por “el más tarde”, l’avenir que dure longtemps según Althusser. Marx pretendió subyugar la naturaleza para servir a la Historia; Nietzsche, lo contrario. El nacionalsocialismo fue un nihilismo violento y rabioso, indiferente ante la dignidad de la vida. Apuntaba al triunfo de la fuerza o a una muerte apoteósica que arrastrase al mundo consigo.

La nada es por supuesto inimaginable y su fertilidad racional o artística es limitadísima[16], pero Parménides redujo la realidad a identidad como si todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. El principio de identidad es fundamento del discurso lógico como el principio de metamorfosis es base del discurso poético. Pero lo otro no se deja eliminar tan fácilmente; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel Martín –el heterónimo del Juan de Mairena machadiano-, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro en “la esencial heterogeneidad del ser”, como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno[17].

Dicen que la nada es impensable racionalmente porque cualquier atributo o propiedad que le añadiéramos sería una contradicción entre sujeto y predicado. En cualquier caso,es cierto lo que dice María Zambrano de que la nada no apareció con la filosofía, sino con la religión, como útero material o fondo de donde salió la realidad entera mediando –en la tradición semita- un acto creador. Mas igualmente los textos órficos sitúan en el principio el Caos y la Noche, las negras tinieblas y el vasto Tártaro, que podemos tomar como representaciones aproximadas de la nada.

La admiración, el thaumazeîn del que nace la filosofía, es un pathos según Hannah Arendt[18], un asombro admirativo, por eso el lenguaje adopta un tono de alabanza y admiración respecto del orden armónico que Tales o Pitágoras descubren en el arpa celestial. El filósofo se maravilla ante la “armonía invisible” que –según Heráclito- es superior a la visible. De esa admiración despertó y se avivó el Logos, que según Simone Weil mezcla el límite y lo ilimitado[19]. Hannah Arendt cita a Coleridge: “¡No hay nada! O “¡Hubo un tiempo en que no había nada!”, esas palabras son para el poeta una contradicción en sí. Hay algo en nosotros que rechaza tal proposición con el brillo y la fuerza de una luz en nombre de su propia eternidad: “No ser es, entonces, imposible; ser, incomprensible”. “¿Por qué hay ente y o más bien nada”?, se preguntaba su amigo Heidegger[20], pregunta con la que repetía la sorpresa que ya había expresado Leibniz en sus Principes de la nature et de la grâce. “La admiración del ser, que se corresponde con el elemento del asombro platónico, necesita creer en un Dios creador para salvar a la razón humana de su silenciosa y aturdida mirada al vacío de la nada”, escribe Hannah Arendt[21].

Sería tentador buscar en el tránsito existencialista del Ser a la Nada, es decir, del theoreîn feliz a la angustia del vacío, el fin de la filosofía o, por lo menos, el crepúsculo de la metafísica. De la admiración a la negación y la repulsa, pero la idea misma de pensar significa decir , en confirmación del carácter factual de la existencia. Como dijo Ortega “la idea misma de ‘cosa’ resume una completa metafísica”[22]. Sin embargo “nadie puede pensar el ser sin pensar al mismo tiempo la nada, o pensar el significado sin tener en mente la futilidad, la vanidad, el sinsentido”[23]. ¿No declaró Aristóteles que la materia es “un no sé qué”? La indeterminación de esa madre o madrastra la acerca a la nada[24] o la disuelve en energía. Es la masa que se descompone en polvo cósmico, ceniza, extensión vacía…, ¡nada!… Bueno, al menos, suprimido el mundo del espíritu puro, de la libertad sin tasa, semejante a la de Dios mismo, nos queda la extensión cartesiana. Pero hoy “el espacio ya no se extiende”, el teletrabajador y el consumidor-espectador en sus asientos-trampason circulados sin circular, así pueden entregarse al sedentarismo y disfrutar de las video-performances, del vehículo audiovisual, estático, en su escritorio y parque de atracciones doméstico. Se ha producido una contracción telúrica que vacía lo real en sus simulacros, en las simulaciones de un escaparate electrónico. “Ya todo llega sin que sea necesario partir”[25].

Antonio Machado consideró al ser vario (no uno), cualitativamente distinto. Y llama “no-ser” al mundo de las formas, de los límites, de las ideas genéricas y a los conceptos vaciados de su núcleo intuitivo, al mundo cuantitativo, limpio de toda cualidad. Espacio y tiempo son para él, sin hechos, pseudo-representaciones. Discute a Kant: “es falsa la suposición de un espacio sin cuerpos”, y piensa que no podemos representarnos un espacio a priori, sin objetos, lo mismo que no podemos representarnos a priori un tiempo sin hechos[26].

Sólo al hombre –que sepamos- afecta esa extraña sensación o sentimiento de la nada en su vida, “en su agonía de criatura perdida en las tinieblas”. Lutero nos reintegró a esas tinieblas de una soledad desnuda frente a Dios, que juzga desde un abismo inescrutable y desconocido. Insinúa Zambrano que fue desde la reforma luterana que comenzó a surgir la nada, que afecta al ánimo aun no pudiendo tomar la condición de idea “en los infiernos del ser”, en las entrañas, metáfora que prefiere su razón poética al término “subconsciencia” para referir a lo originario y al sentir irreductible, esa “vibración solitaria y muda y que sale de su mudez en el grito y el llanto; que se paraliza en la angustia y que se cierra herméticamente en esos estados, tan del hombre moderno, que producen su tan frecuente pseudolibertad”. Es en las entrañas y en su indómito sentir donde aparece el sentir de la nada, que nos devora; lo otro, que nosamenaza. “I’m a nothing”, dicen los ingleses para decir que yo soy nada, algo sin valor:“un cero a la izquierda”, como se dice en español.

Este sentir apareció en los místicos, en el desierto y la noche obscura, en la llama consumidora de Juan de la Cruz, en el “muero porque no muero” de Teresa de Ávila, en la suspensión de la palabra y el recogimiento quietista de Miguel de Molinos, precisamente por ser Dios la máxima resistencia y la amenaza última, como una inversión –o confusión- de lo divino y lo diabólico, pues según la teología católica el demonio es el agente de la nada y el acto creador divino, su fiat, aparece así como un triunfo de Dios frente a la nada[27]. En su “Llama de amor viva” celebra Juan de la Cruz su anonadamiento como unión transformante. “El príncipe de los místicos –escribe Luce López-Baralt- acude al antiguo símbolo de la llama abrasadora” para expresar “su combustión espiritual”[28]. El mismo Juan de la Cruz se comenta en prosa diciendo que su poesía abunda en exclamaciones porque sólo la exclamación elude el silencio. Hundirse en la nada es para el místico “hundirse en el fondo secreto de lo divino”.

Para Raimon Panikkar-por citar a un místico contemporáneo-, el discurso sobre el símbolo “Dios” revierte en un nuevo silencio. La divinidad se vislumbra como realidad meta-ontológica y cualquier pensamiento que la de-fina será idolatría. El ser surge de la nada como la plegaria de la conciencia precaria. Revive así la antigua tradición de la teología negativa o “apofática” del Pseudo-Dionisio (de ἀποφάσκω, decir no, negar), en el convencimiento de que no podemos decir de Dios sino lo que no es, que no es cosa finita; podemos, pues, decir que es nada. La única adoración posible es el silencio (AngelusSilesius). Panikkar insiste en que el quietismo de Miguel de Molinos nada tiene que ver con el “pasotismo” moderno, porque el silencio ofrece espacio para la libertad, para la acción libre, ya que la inteligencia está constreñida por el principio de no contradicción, la voluntad por el bien, y la acción por la circunstancia. Tampoco hay experiencia del yo, esa representación imaginaria[29].

El Mal, también en el platonismo, es otro nombre del vacío y de la nada destructora, siendo como son los males no-ser en su figura de imperfección o privación, Privación (ἔνδεια) a la que Amor tiene siempre por compañera. Mas para el místico hundido en la nada mediante mortificación, abnegación o anonadamiento, es un deshacerse gozoso en el horno secreto de lo divino. El ser, sobre todo el ser del ego, “ese maldito yo” (Ciorán), es la tentación. Abandonarse a la nada, al nihilismo, es la salida obligada del infierno de la temporalidad: abandonar la historia, perderse en la noche de los tiempos, descansar del pesado fardo de la conciencia, renegar de toda responsabilidad, desatarse de cualquier pretensión de ser, anhelar como Borges un descanso definitivo, culminación y satisfacción última de la pulsióntanática freudiana. Esta aceptación quietista de la nada intercambia lo divino con lo diabólico. Si viene del mismo Dios –como supone el luteranismo- entonces es conveniente abatirse en Dios, rendir nuestro ser a ciegas a su poder, sin que ni siquiera la esperanza lo penetre, caer para dejar de ser en ese todo que ha absorbido también sus fronteras inanes. De otro modo más extremoso, materialista, una vez expulsado el sentido del infinito de las relaciones humanas con la supresión de todo valor espiritual, puede refugiarse sádicamente en una especie de satanismo cósmico que busca ultrajar y estropear los planes de la naturaleza. El éxtasis nihilista consiste entonces en el placer de la destrucción[30].

En nuestro siglo la nada y su mística reaparecen sin referencia a la divinidad como atmósfera luciferina dejada en la cultura por la creación romántica, como nihilismo de salón en el dadaísmo, como ascetismo que opera en el vacío y melancólico escrutinio de la pureza, como minimalismo recalcitrante y hasta como quejío. Así Lombardo Duro poetiza el imperativo nihilista: “Respira en tu alma / la energía inmortal / de la insaciable nada, / escucha en tu silencio ardiente / la callada elocuencia del vacío”[31]. La queja reclama su derecho a la desesperanza tras la experiencia de la vaciedad de la palabra, del logos, asumida por Beckett o por Ionesco, que pueden hacer reír con la futilidad o insignificancia de una cháchara trivial, pues ya no basta que pueda ser pensada o dicha para que la palabra sea; el humo del verbo es un “hablar por hablar” o un mero desahogo. Para Novalis, de todos modos, la expresión verbal cuenta como la única liberación posible.

Por lo menos el humor y la ironía nos resguardan de la credulidad y del fanatismo, peligro mortal de la inteligencia. El humorismo es así un escape del que Pío Baroja hace filosofía abierta y corrosiva[32]. Frente a “la mentira social”, los idiomas de la imaginación pueden también ofrecer refugio para esta alma desgarrada y en vilo, que siente “La líquida pérdida de todo. / Del todo se entregó / y no se encuentra. / Con los camellos van sus sacramentos. / Cuerpos y tierras y el océano / suspendidos / de puntos, de polvo, de vacío”[33].

Las filosofías de la vida, el vitalismo, han tratado seriamente de aquello contra lo que se afirma el valor, el más elemental, de existir. Y sin duda uno de sus enemigos más poderosos-otra máscara de la Nada, por así decirlo- es el absurdo. Sade la esgrime contra la creencia en Dios, al que desafía y tutea[34]. Si el ser es interpretado como devenir o proceso, la nada es entonces tan básica ontológicamente como el devenir[35]. Según el teólogo luterano Paul Tillich, al eliminar el concepto de la nada Parménides tuvo que sacrificar (detener) la vida. Es como convertir el cuerpo de una mujer hermosa en una venus de mármol inerte. Sin embargo, Demócrito, Epicuro y Lucrecio restablecieron el vacío para hacer el movimiento concebible. La idea de la nada, no obstante, está implícita en todos los grandes filósofos, como los silencios en una sinfonía. El silencio eterno de los espacios infinitos que espantó a Pascal. Hegel hace de la negación el poder dinámico y dialéctico en la evolución de naturaleza e historia. Por su parte los existencialistas ponen Das Nichts y Le néant en el centro de sus ontologías. La angustia es para Tillich, el estado en el cual un ser es consciente de su posible no-ser o, dicho más brevemente, la conciencia existencial de la nada. Lo que produce angustia no es un poder externo a la conciencia sino la conciencia de que ella es parte del propio ser, una experiencia, patológica en sus formas extremas, de la propia finitud. En este sentido hay que entender seguramente la descripción zambraniana de la nada como “los infiernos de la posibilidad inagotable”.

Tras las “filosofías de la sospecha”, para las que todo era voluntad de dominio, economía o sexo[36], llegaron las filosofías de la sombra o los ejercicios de auto-conmiseración, una vez declarada la insignificancia de la metafísica, que no obstante sobrevive clandestina al margen del academicismo filosófico, en la ciencia ficción y la poesía sobre todo, pero también en el nihilismo o en la razón poéticazambraniana. Todo esto sucediócuando todas las utopías degeneraron en genocidios y farsas sangrientas alimentando distopías artísticas, pero también filosóficas (Huxley, Orwell), al descubrirse, tras el estriptis de lo divino, el fondo bestial, maniático y fanático, de todo entusiasmo, la ineptitud para el quietismo de los dogmáticos que han dominado con sus errores la historia[37] y gobiernan nuestras sociedades como un “infierno de salvadores”[38].

Muerto el ideal, ya no hay nobleza sino en la negación de la existencia y su vana “retórica”[39]. Sacrificado el ángel, queda la bestia, la pantera sobre la que el espíritu cabalgaba. Por supuesto, todo absoluto, incluido el absoluto de la negación es una forma de escamotear los problemas. También el problema del sentimiento de la nada. Por eso Fernando Savater matiza su nihilismo activo, porque sabe que no es un problema menor que el nihilista no tenga valores de los que colgar el peso desesperanzado de su acción. Savater reconoce que no sabemos de dónde bebe hoy su vigor la negación[40].

Puede que la razón poética de Zambrano deba mucho a Leopardi o a Hölderlin (A. Colinas), pero también cuelga de una tradición más antigua, tan vetusta como venerable, pues ¿no fueron poetas Parménides y Heráclito?, ¿no nos deslumbra aún el genio poético de Platónaunque reniegue políticamente, de los poetas y de lo trágico? Como afirma el doctor colombiano Damián Pachón la razón poética zambranianaresponde a la empobrecedora reducción de la vida por parte del racionalismo y denuncia la indigencia de la sociedad burguesa. Responde a la crisis, a la llamada “agonía de Europa”, y se relaciona con un tipo de razón más ancha, más amplia, con un logos entrañado e intrahumano, que descifre el sentir, pero también que, encarnado, consiga dar dirección y sentido a la vida humana. No es ocioso señalar aquí que la razón reductiva y reducida, llámese instrumental o analítica, produce angustia, recordando que “angustia” viene del latín ‘angustus’, estrecho, cerrado[41].

Lo que no existe, paradójicamente, puede dividirse en géneros y especies, como los ángeles de los coros celestiales. Aunque la mística nos proponga sólo temblor y temor[42]y un callar reverente ante el mysteriumtremendum de la existencia que el silencio del Supremo Hacedor garantiza, el místico no cree que la divinidad (Ipsumesse) sea completamente incomprensible. Aunque llame a Dios lo inefable o indefinible (árreton) y apunte al silencio “toda ciencia trascendiendo”, la mística –como reconoce el teólogo Rudolf Otto- ha sido verbosa en extremo. Empieza por hacer del sentimiento de anegación y dependencia, de la conciencia de la propia nulidad, un reflejo o un efecto de lo numinoso en la criatura: “El misticismo comienza por el sentimiento de una dominación universal invencible, y después se convierte en un deseo de unión con quien así domina” –dice EdouardRécéjac[43]. El silencio y el vacío pueden interpretarse como efecto inmediato de la presencia o experiencia del númen. De  hecho, el arte oriental, la pintura china, han usado ampliamente el vacío para expresar esta vivencia: “El vacío es una negación y aleja la conciencia del aquí y el ahora, y de esta suerte hace presente y central  lo absolutamente heterogéneo”[44]. En la estética tradicional japonesa, tan sensible a la opacidad de los materiales, al silencio y la penumbra del espacio vacío, lo esencial es captar el enigma de la sombra[45]. Analizando el concepto de inspiración artística en el Fedro, Simone Weil habla de un arte de primerísimo orden que tiene relación con la santidad, pues la atención del artista está orientada hacia el silencio y el vacío. Evidentemente alude a la poética mística y considera también a Platón un místico[46].Siguiendo la estela del “divino ateniense”, Simone Weil recuerda que la vida terrenal es olvido, tanto dentro de la caverna, “noche obscura de la sensibilidad”, como fuera de ella, “noche obscura del espíritu”. El santo se anonada, se mortifica, atraviesa la nada para fundirse con Dios.

La nada es un caso especialísimo de representación intelectual, de hipóstasis metafísica. El nihilismo es, por supuesto, una metafísica que hace de la nada, del vacío o del absurdo, su objeto principal. Igual que Dios, si lo inteligimos como perfecto, existe necesariamente, siendo como es la existencia condición imprescindible de la perfección, la Nada, por ser el colmo de la imperfección, no puede dividirse ni definirse, por más que la sintamos circundar la vida y la historia amenazante, cambiando de signo, movediza, como colapso climático o demográfico, como infierno nuclear, como apocalipsis.Umberto Eco llamó “apocalípticos” a quienes ven en los acontecimientos del pasado los símbolos de una armonía notable, y en los del presente los símbolos de una caída sin salvación[47].

María Zambrano certifica que a medida que crece el Ser crece la Nada. Pasa lo mismo con el conocimiento, a medida que engorda la esfera del saber probado ofrece cada vez más superficie respecto a su exterior: lo que no se sabe. Sabemos más ypor esonos percatamos mejor de lo mucho que ignoramos. También se representa la nada como inercia y suprema resistencia, infierno en que la vida pierde su pretensión y la persona se enajena, se hace “otro”, al perder su consistencia, incluso si esta es imaginaria. Es el fenómeno que llama el marxismo alienación. Resulta así la nada inteligible en abstracto y se parece a lo posible, pues es posible que la cosas resulten siempre peores delo que son o que dejen de ser, que vuelvan a la nada: “Se parece a lo posible –dice María Zambrano-, a la sombra y al silencio. Nunca es la misma”. Cambia de máscaras y es paradójicamente activa sin entidad. Una de sus funciones es reducir a sí las construcciones y proyectos. Podríamos decir que es la vida sin textura, sin “consistencia” (en el sentido orteguiano de inesencial). La Nada es lo contrario de Dios, que no es lo mismo que “nada es lo contrario de Dios” ya que un dios perfecto no puede admitir ni contrariedad ni contradictoridad alguna, ni imposibilidad siquiera[48]. A Descartes le parecía imposible que la idea de un ser más perfecto que el suyo procediese de la nada, “car, de la tenir du néant, c’étaitchosemanifestementimpossible”, le parecía tan evidente la existencia de lo perfecto como cualquier demostración en geometría y razonaba que quienes no aceptaban la evidencia de su razonamiento deísta era porque, acostumbrados a usar sólo la imaginación, les parece ininteligible todo aquello que no es imaginable[49].

La creación sin tregua en el tiempo es lo opuesto a la nada, creación también humana, pues posee un fondo inescrutable. Resta esa fe que alienta en la creación, científica, artística, moral, religiosa, aunque sea para nada, incluso si el creador porta el hábito de un dandy eclesiástico que huele más a azufre que a incienso, como retrata Mario Praz a Baudelaire, quien quiso extraer la belleza del mal o, más bien habría que decir del pudridero romántico y de la atmósfera viciada en que se crio. El spleen de Poe (“esplín” ya en un poema de Tomás de Iriarte) pasó a la poesía maldita francesa como hastío vital, como melancolía sin causa, próxima a la angustia existencial del XX.

No obstante, el nihilismo admite diversas facetas, unas más dignas y constructivas o destructivas que otras; unas blasfemas, otras santas[50], unas religiosas, otras cientifistas. Así, cabe hablar de un nihilismo cristiano, de un nihilismo reactivo, de un nihilismo sublime, de un nihilismo positivista, materialista, anarquista[51] (individualista o comunitario), de un nihilismo terrorista, de un nihilismo aniquilacionista, mefistofélico, teológico…: “Soy el espíritu que siempre niega / yo con razón, pues todo lo que nace / no vale más que para perecer. / Por eso sería mejor que nada surgiera” (Goethe. Fausto). El sentimiento de dependencia y de criaturidad no es sólo una espoleta del sentimiento religioso como cree o siente Rudolf Otto, sino también del nihilismo en versión calderoniana y culpabilizadora: “Pues el delito mayor del hombre es haber nacido”, según afirma Segismundo en La vida es sueño. Jesús Moreno Sanz, director de las obras completas de María Zambrano afirma rotundamente que, como en Calderón, “en toda la obra de María Zambrano hay un trasfondo religioso”[52].

Incluso la teología radical, sobre todo la protestante, también llamada “de la muerte de Dios” se ha hecho “kenótica”, del griego ‘kenosis’, vaciamiento, si usamos la expresión de Thomas J. J. Altizer. Su cristología celebra el significado de Jesucristo como vaciamiento de la trascendencia divina en la forma Encarnada de existencia. Es el Verbo hecho Historia o lo sagrado en la aceptación integral de la Vida tal y como pretendió Nietzsche. Que Dios haya desaparecido como “tapahuecos” o como agente explicativo de lo que todavía no encuentra explicación no significa, para alguno de estos teólogos, que no podamos pensarlo en su misterio (Deus Absconditus) o sentirlo como objeto de deseo, o verlo en los demás o vislumbrarlo en las experiencias límite, como en la agonía de la sexualidad y de la muerte[53]. Como dejó escrito Lucrecio, es dentro de las cosas donde existe el vacío (nanqueest in rebus inane[54]).

María Zambrano ha sido una filósofa cristiana. Entre 1945 concibió el proyecto de un libro que titularía Filosofía y cristianismo[55]. Es notorio el sentido religioso y hasta místico de toda su obra. Puede que el advenimiento de la nada, según María Zambrano, tenga que ver con el haber querido vivir sólo desde la conciencia, ya que nadie puede admirar ni consagrarse a la evidencia ni mejorarse desde la exactitud, por lo mismo que el hombre no puede instalarse sólo en la libertad creadora del espíritu, porque no es Dios. Al intentarlo se le aparece esa resistencia de la nada que no puede ser disimulada: “lo irreductible que encuentra la libertad humana cuando pretende ser absoluta” … “Quien pretende ser absolutamente acaba sintiéndose nada”[56]. Aparece así lo sagrado, o su máscara negrísima, como resistencia máxima y reducción. Y puede que esta ejerza todavía sobre nosotros la seducción de la Serpiente: “Y seréis como dioses”.

Sujetos a ser absolutamente libres, acabamos desesperando como el libertino, encontrando que todas las cosas son nada. La aceptación serena de la contingencia de nuestra existencia y de la relatividad nuestras verdades parecen más razonables e inocuas que la fidelidad a cualquier hipóstasis absolutista. “Se puede llevar una vida muy aceptable asumiendo que no hay nada que posea un importancia trascendental, sino que todos nuestros valores y aspiraciones son eventuales y transitorios”[57].¡Sí, siempre que se reconozca que tampoco el nihilismo ni su negación tienen un valor trascendental!

En El hombre y lo divino, María Zambrano pone fin a su capítulo “Sobre la nada”, que sintomática y significativamente sigue a “El delirio del superhombre”, con estas palabras que concluyen en una cita del maestro Ortega y Gasset:

“Las cosas que no son nada son algo cuando se las padece. Y el propio ser, el sujeto –anulado en el sentir de la nada- se yergue cuando es fiel a su doble condición de haber de sufrir al propio tiempo la cárcel de las circunstancias y su propia libertad: ‘Somos necesariamente libres’”.

Obviamente la libertad no puede ni debe ser el sometimiento a los caprichos de la gana y sus impulsos primarios, ni el sueño de una existencia libre de sometimientos, incluso fisiológicos. En el ajuste de lo afectivo y de lo cognitivo, en la recomendación unamuniana de sentir el pensamiento y pensar el sentimiento nos jugamos el saber vivir: razonar y querer.


[1] Jesús Zamora Bonilla usa irónicamente esta expresión heideggeriana en su cuenta de Twitter y aborda o intenta deshacer el problema de la nada en un libro de próxima aparición. Entiende el nihilismo como la tesis de que no existe nada que dé sentido a nuestra vida ni a la existencia del cosmos, ni tampoco existen valores objetivos, y que no pasa nada malo porque no exista nada de eso, sino que, al revés, creer en esos sentidos y valores trascendentes ha causado, a lo largo de la historia, más problemas que el no creer en ellos (Resumen de La nada nadea. Invitación al nihilismo).

[2]No hay yo sin comunicación con otros, ni siquiera en soledad. Nos parece mejor el dictamen de Ignacio Gómez de Liaño: “La peor soledad se produce, no cuando los demás te abandonan, sino cuando los otros que tú eres te han abandonado”, Sobre el fundamento (192), Siruela 2002.

[3] Zygmunt Bauman. Retrotopía, Paidós, Barcelona 2017.

[4] Maurice Merleau-Ponty. Sentido y sin sentido, “La querella del existencialismo”, Península, Barcelona 2000, pg. 121.

[5] En “Reflexiones de Centenario”, Obras Completas, IV, Alianza, Madrid 1994, pg. 29.

[6] En la primera línea de su premiado ensayo El conocimiento inútil, Planeta, Barcelona 1989.

[7]Albert Camus. El hombre rebelde, Alianza, Madrid 2001, pg. 83

[8] Cfr. Roberto Sánchez Benítez, “María Zambrano y el nihilismo”. Universidad Michoacana. https://www.bu.edu/wcp/Papers/Cont/ContBeni.htm

[9] Según Jesús Zamora Bonilla las perspectivas filosóficas que más a menudo son consideradas como “nihilistas” han sido el escepticismo, el positivismo, el naturalismo, el ateísmo, el determinismo (la negación del libre albedrío), el relativismo y el materialismo.

[10]Bundgård, Ana. “Nietzsche y María Zambrano: nihilismo y creación”. Aurora: papeles del Seminario María Zambrano, 2009, Núm. 10, pgs. 19-28, https://raco.cat/index.php/Aurora/article/view/183278.

[11] Damián Pachón Soto. “La génesis de la ‘razón poética’ en María Zambrano y las huellas de Nietzsche” en Wmagazin, 6-II-2001. https://wmagazin.com/relatos/la-genesis-de-la-razon-poetica-en-maria-zambrano-y-las-huellas-de-nietzsche/

[12] “Los que se autocalifican de incrédulos suelen creer muchas más cosas que los que se dicen creyentes”, Ignacio Gómez de Liaño, Sobre el fundamento (92), Siruela, 2002. 

[13] Recuérdese que Nietzsche golpea con sus propias tripas como dice A. Machado y habla mal de muchas cosas y personajes que admira, entre ellos, a los jesuitas.

[14]Ibidem, pg. 184.

[15]Ibidem, pg. 176.

[16] Sobre la esterilidad del nihilismo ha teorizado George Steiner con gracia humanista y erudición simpar, v. gr. en sus Nostalgia de lo absoluto (1974) y en sus Gramáticas de la creación(2001).

[17] Parafraseo el texto del Juan de Mairena, Cátedra, Madrid 1986, pg. 85.

[18] Hannah Arendt. La vida del espíritu, Espasa, Madrid 2002.

[19] Simone Weil. La fuente griega, “Dios en Platón”. Trotta, Madrid 2015. Pau Matheu Ribera explora las relaciones entre Weil y Zambrano en Aurora, nº 20, 2019, pgs. 48ss.

[20] Martin Heidegger. ¿Qué es metafísica?, Alianza, Madrid 2000.

[21] Hannah Arendt. Op. cit. pg 169s. Se discute si esta opinión la refiere la autora al platonismo, simpatiza con ella o la sostiene personalmente, lo que la acercaría al creacionismo. Roberta Johnson ha comparado y contrastado el pensamiento democrático de Zambrano y Arendt: “A philosophical simbiosis”. Ambas combatieron y sufrieron el exilio de regímenes totalitarios. Aurora, nº 20, 2019.

[22]Obras Completas, XII, pg. 91. En Unas lecciones de metafísica(1932-1966).

[23]Ibidem, pg. 172.

[24] “En la constitución de la materia hay un margen insalvable de indeterminación”, Ignacio Gómez de Liaño. Sobre el fundamento, Siruela, 2002, pg. 29.

[25] Paul Virilio. “El último vehículo”, en Videoculturas de fin de siglo, Cátedra, Madrid 1990.

[26] Antonio Machado. Los complementarios, Cátedra, Madrid 1982, pgs 127-129.

[27] La misma inversión, metafísica y moral, en la literatura del Marqués de Sade, pregonero, antes que Nietzsche y su precursor, de que la virtud lleva a la ruina y el vicio a la prosperidad. Tanto para Sade como para Nietzsche, Dios o los dioses se complacen en el mal. Sade derriba la metafísica de Rousseau: el “Todo es bien, todo es obra de Dios” se convierte en “Todo es mal, todo es obra de Satanás” (cfr. La carne, la muerte y el diablo de Mario Praz, Monte Ávila, Caracas 1969, pg. 120.

[28] Luce López-Baralt, Asedios a lo indecible. San Juan de la Cruz canta el éxtasis transformante, Trotta, Madrid 1998.

[29] Raimon Panikkar. Iconos del misterio. La experiencia de Dios, Península, Barcelona 1998.

[30] El sadismo se muestra aquí inconsistente pues, si el vicioso objetivo de la Naturaleza es la destrucción, ninguna acción destructora puede irritarla o insultarla. El mismo Sade lo reconoce: “L’impossibilitéd’outrager la natureestselonmoi le plus grandsupplice de l’homme” (cfr. Mario Prazop, cit. pg. 123).

[31] Manuel Lombardo Duro. Inventario de nieve, “Elocuencia del vacío”, Sevilla 2013, pg. 49.

[32] Pío Baroja. La caverna del humorismo (1919), Caro Raggio, Madrid 1986. Al bilbaíno podemos considerarlo como anarquista civilizado, materialista o realista matizado y como escéptico trascendental de importante sesgo kantiano.

[33] Ignacio Gómez de Liaño. “Del vacío” en Carro de noche (1972-2005). “Miro el horizonte / entre fustes de humo, / al tiempo que en silencio / invoco a las mansiones / celestes de la nada” (Ib. “Ubisunt”).

[34] “Dieu… Je déclareformellement, authentiquement, publiquement, que je n’aipasdanstoila pluslégèrecroyance, et cela pourl’excellenteraison que je netrouverien, ni dansmoncoeur, ni dansmon esprit quipuisse me persuader une existenceabsurdedontrienau monde n’atteste la solidité”, Sade, JulietteII, cit. por Mario Praz, op. cit., pg. 125.

[35] Paul Tillich. El coraje de existir, De Bolsillo, Barcelona 1973.

[36] Nuestra sospecha sobre las filosofías de la sospecha en ALFA (Revista de la AAFi), nº 11, pgs. 207-219.

[37] Si para su maestro Ortega, nuestra historia es “el tesoro de los errores”, para María Zambrano es fruto de los ensueños y desvaríos humanos, persistente delirio. En el principio no fue el Verbo, sino el delirio.

[38] Cfr. Cioran, Breviario de podredumbre (1949), Taurus, Madrid 1977.

[39] Véase el caso paradigmático y extremo de Carlo Michelstaedter y de su nihilismo místico que le desespera y atrae a un suicidio temprano. El Búho, nº 24, Revista digital de la AAFi, pgs. 49ss. https://elbuho.revistasaafi.es/numero-24/

[40] Fernando Savater. Nihilismo y acción, 1972, Taurus (2ª ed.), Madrid 1984.

[41] La “congoja” es pariente de la angustia y procede de ‘congustia’, angostura, una tristeza agitada, intranquila e impaciente. Estos sentimientos brotan del dramatismo del deseo romántico, de su cara obscura. En su Diccionario de los sentimientos (Barcelona 2000) J. A. Marina y M. López Penas los asocian al “Léxico del deseo”.

[42]La palabra “cuáqueros” viene del inglés “quakers”, tembladores, tal vez porque como Kierkegaard sentían temor y temblor al sentirse sacudidos por el Espíritu Santo, o por la instrucción de “temblad en el nombre del Señor” dada por Jorge Fox, o como término despectivo referente al pacifismo de los fieles de la Iglesia de los Amigos.

[43] Citado por Rudolf Otto en Lo santo, Alianza, Madrid 1980, pg. 35. E. Récéjac es autor de Essai sur les fondements de la connaissancemystique, 1897.

[44]Ibidem, pg. 102.

[45] Cfr. el ensayo clásico de Junichiro Tanizaki. Elogio de la sombra (1933), Siruela, Madrid 1994.

[46] “Un místico heredero de una tradición mística de la que Grecia entera estaba empapada”. “Dios en Platón”, en La fuente griega, Trotta, Madrid 2005.

[47]Apocalípticos e integrados, Lumen 1984, pg. 384s. Ejemplo de análisis apocalíptico puesto por el propio Eco es el de La pérdida del centro de Hans Sedlmayr (Salzburgo, 1948), en el que se describe el paso de la adoración de Dios a la adoración de la Naturaleza y de la adoración de la forma al culto de la Técnica como una pérdida del centro que precipitará al hombre en el abismo.

[48]“Impossibleisnothing” -eslogan publicitario de una marca de ropa deportiva- podría significar lógicamente o una traducción descuidada que la Nada es imposible, o sea justo lo contrario de lo que pretende decir: Que todo es posible. Pero la Nada (Nothingness), hipostasiada metafísicamente como Vacío o como Absurdo, es imposible sólo en el sentido de que no puede ser representada, aunque puede ser inteligida lógico-matemáticamente como cero o conjunto vacío. Pasa lo mismo con la idea de Dios, según Descartes, pues puede inteligirse la idea de lo perfecto aunque sea inimaginable (ver nota siguiente).

[49] “Mais se quifaitqu’il y en a plusieursqui se persuadentqu’il y a de la difficulté a le connaître, et mêmeaussi à connaître ce que c’est que leurâme, c’estqu’ilsn’éleventjamaisleur esprit audelà des choses sensibles, et qu’ils son tellementaccoutumés à nerienconsidérerqu’enl’imaginant, quiest une façon de penserparticulièrepour les chosesmatérielles, que tout ce quin’estpas imaginable, leursemblen’êtreintelligible” (Discours de la méthode, Quatrièmepartie).

[50] Rudolf Otto piensa lo sublime como un esquema de lo santo, en contraste con la concepción obscena de los sublime propia del psicoanálisis. Marcuse acuñó el concepto de desublimación represiva para referir a la reducción de lo alto y noble a lo bajuno y comerciable.

[51] Para Bakunin sólo la destrucción es creadora.

[52] Juan Carlos Rodríguez, “María Zambrano frente al nihilismo reinante”, Vida Nueva, 2019. https://www.vidanuevadigital.com/2019/02/02/maria-zambrano-frente-al-nihilismo-reinante/

[53] Cfr. La teología de William Jamilton, en Thomas W. Ogletree. Controversia sobre “la muerte de Dios”, Kairós, Barcelona 1968.

[54]De rerum natura, I, 330. El consuelo que ofrece el propio epicureísmo materialista lucreciano es que tampoco nada retorna a la nada, pues todas las cosas constan de simientes eternas, como las mónadas de Leibniz, aunque estas son sustancias individuales, formas, y no átomos materiales.

[55] Este inédito aparecerá en el tomo VII de sus Obras Completas (Artículos e inéditos).

[56]El hombre y lo divino, ed. cit., pg. 187.

[57] En el resumen de su La nada nadea. Invitación al nihilismo (su libro de próxima aparición).

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