

Julia Uceda (Sevilla, 1925-El Ferrol, 2024) es la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Poesía (2003) desde la restauración de la democracia española con una recopilación de su poesía recogida en el volumen En el viento, hacia el mar (1959-2002). En ello, al igual que en buena parte de la suerte de la recepción de su obra, ha sido decisiva la figura del que fuera uno de sus alumnos, más tarde reconocido profesor, editor y poeta, Jacobo Cortines, que no ha podido sumarse a este homenaje por un cúmulo de circunstancias. Con Zona desconocida alcanzó el Premio Nacional de la Crítica (2006). Es Hija Predilecta de Andalucía (2005), Premio Andalucía de las Letras “Luis de Góngora Argote” (2006), Hija Adoptiva de Ferrol (2009) o Medalla de Oro al mérito de las Bellas Artes (2016), entre otros reconocimientos. Doctora en Filosofía y Letras, ha ejercido de profesora en la Michigan Stade de University (1966-1973), en el University College Dublín (1974-1976) y en institutos de secundaria de distintas provincias de España.

Su respuesta inmediata me conmovió: “Tus palabras me han saltado lágrimas. Es lo más bello que se me ha dicho. Me gustaría verte antes de irme”. No pudimos despedirnos personalmente. Por ello vuelvo una y otra vez a su palabra, que me hace mejor y me enriquece, donde la encuentro viva. Y por ello mi invitación (y mi incitación) a su lectura quiere emplazar a las lectoras y lectores a una mejor comprensión, crítica y creativa, de la existencia, y al gozo (que es más que goce) que su palabra nos regala.

¿A qué se refiere? No lo sabemos a ciencia cierta. Tengo para mí que apunta de nuevo a la vida del lenguaje, que continúa, que puede continuar, más allá de la muerte de quien las enunciara. ¿De dónde vienen y a dónde van las palabras?

«No hay que ser obediente; yo no lo fui nunca». Esa fue una de las afirmaciones que, como quien muestra un estandarte propio, manifestó Julia

Julia Uceda fue una mujer audaz que en los tiempos oscuros se atrevió a nadar a contracorriente, aunque dentro de una biografía discreta y silenciosa. Una vida que ahora contemplada en la distancia sorprende por la cantidad de giros y de valentías. Nació en Sevilla, impartió clases de literatura en Estados Unidos y en Irlanda y finalmente se estableció en Galicia, en El Ferrol, donde tuvo su casa, su memoria, su patria.

«No hay que ser obediente; yo no lo fui nunca». Esa fue una de las afirmaciones que, como quien muestra un estandarte propio, manifestó Julia

Julia Uceda fue una mujer audaz que en los tiempos oscuros se atrevió a nadar a contracorriente, aunque dentro de una biografía discreta y silenciosa. Una vida que ahora contemplada en la distancia sorprende por la cantidad de giros y de valentías. Nació en Sevilla, impartió clases de literatura en Estados Unidos y en Irlanda y finalmente se estableció en Galicia, en El Ferrol, donde tuvo su casa, su memoria, su patria.

Concluyo este análisis diciendo que la obra literaria de Julia Uceda se ha abierto paso por sí misma, ha sido publicada y tenida en cuenta por su calidad y proyección social, conquistando el interés y la permanencia en el tiempo. Ella, Doctora por la Universidad de Sevilla, Catedrática con años de experiencia como profesora universitaria, poeta y sencillamente humana, nos ilumina el camino con su poesía. Luz: tan solo en ella creo.

El mito de Antígona ha sido elegido por numerosos autores para su análisis o como fuente de inspiración, pero no cabe duda de la destacada significación que tuvo en la producción de María Zambrano y de su influencia en Uceda probablemente y, también, por la lectura que del mito hiciera el poeta Ángel Valente, influenciado también por la filósofa veleña.

El poema A Edith Piaf forma parte del poemario Sin mucha esperanza, un conjunto de poemas en los que se percibe el dolor del mundo, publicado en Madrid en 1966. Como escritora que ha vivido el sufrimiento del exilio en su propia piel, empatiza con el dolor ajeno,el poemario está impregnado de una mirada ética, humanista y existencialista en la que el tiempo y la muerte recorren su sentimiento. En Elegía sobre el tiempo, IV nos dice: “la muerte, en la verde cornisa del templo, sonríe,/ y sus palmas imitan el gesto de aplauso del hombre en la calle”.

La poesía de Julia Uceda Valiente (1925-2024) es tan extraña y original como que se instala en nuestro presente al margen de sus estéticas imperantes, con estilo tan indefinible que algunos, ensayando voces, la llaman “compacta” y “coral”. Podría decirse que es “valientemente ucedista” y su materia significativa un casi idiolecto, un mundo de palabras y símbolos que su talento o ingenio inconformista fabricó a medida de su intensa y rebelde subjetividad, de su individualismo a ultranza, pero con el equipaje bien nutrido de lecturas clásicas y una clara intención comunicativa que se dibuja y figura sobre un fondo misterioso y a veces hermético…

Voy a centrarme en un poema que me parece de los más intensos y sobrecogedores de los suyos. Tiene, por una parte, características distintivas y, por otra, muestra bien ese carácter de “cosmovisión“, de totalidad. El poema “Palabras para cantar alrededor de un templo vacío“ pertenece al poemario Zona desconocida[1]. El título se inspira en el poema de Thomas Merton “Chant to be used in procession around a site with furnaces“[2].

Al menos desde 1967, cuando publica en Ínsula uno de sus artículos más polémicos, “La traición de los poetas sociales”[3], donde analiza y critica la antología Poesía social, “la primera antología del tema hecha en España con interés y afán de objetividad” por el poeta y crítico Leopoldo de Luis, la autora se rebela frente a esta tendencia: “la poesía social ya no está de moda: la antología de Leopoldo de Luis ha sido su definitivo monumento”[4], lo que equivale a decir “muerte”.

La poesía de Julia Uceda, que ya obtuvo un primer reconocimiento con el accésit al Adonáis en 1961 con el poemario Extraña juventud, tiene una trayectoria que se inicia con una exaltación de la obra de Antonio Machado, en cuyos homenajes participa con vigor.

Me sentí extraña encadenada a mi ansia de palabras y vida,
Buscando señales que me mostraran la luz interior que en mi ser
alumbra la voluntad que me hace sentir yo misma,
me sentí extraña creciéndome en silencio y ternura, en caminos