

Por motivos diversos concernientes al ritmo, la forma, lo estilístico y lo emocional de los poemas, podemos afirmar que la poesía es música compuesta con palabras.

Existen libros que sencillamente gustan y otros que, además, traspasan la piel cuando se leen. Al final del paisaje, de la poeta madrileña Alicia Aza, es uno de ellos.

En unos versos del poema «Entre irse y quedarse», de Octavio Paz, sobre la contemplación del instante cotidiano se dice: «Todo es visible y todo es elusivo,/todo está cerca y todo es intocable».

El libro se abre con un epígrafe de la escritora Andrea Fontan: “Y ahora/encuentro ese silencio/adherido a las paredes de la habitación” El silencio y la soledad serán protagonistas de este poemario.

Con esta historia podemos saber que se nos está hablando de los tiempos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, cuando en España imperaba el NO-DO.

Con un prólogo de Juan Cano Ballesta, responsable también de la edición, el libro es una clara muestra de la afición de Juan por el cine.

Nacido en Sevilla, pero afincado en Barcelona, el poeta sevillano siempre ha tenido una lírica que expresa la belleza, el sentido sensorial del mundo.

Editado por Trencatimons editores, el último libro del profesor y poeta Juan Antonio Millón es un resplandor, un reencuentro con la Naturaleza que es esplendor siempre.

Enrique Baena nos ofrece un libro doctoral, erudito, sugerente, pleno de enseñanzas, fruto de una acertada investigación en las relaciones de obras de diversos autores, de hipertextualidad y, se diría, de fuentes e influencias literarias.

Mariluz Escribano se convierte entonces en una deudora de ese eco del padre ausente y recuerda a su madre, ante la pobreza de los años cuarenta, la evoca con la mirada pura de la niña que fue.